Ajedrez tras los cristales

Todos lo aficionados, sabemos del fuerte magnetismo que el ajedrez ejerce sobre nosotros. A veces, bien por no ser socio de una entidad privada, bien por desconocimiento, o bien por otras múltiples causas; hemos tenido que conformarnos con seguir el transcurso de una partida de ajedrez, asomados por los cristales de una ventana que nos separa como enemiga frontera del cálido y mágico ambiente del interior de una sala de ajedrez.
Sonja GrafA mi memoria, acuden como aliadas del título de este artículo, algunas anécdotas que iré contando a falta de otro recurso, por el lógico criterio de la cronología. Tanto el ajedrez, como el cristal, son invenciones antiquísimas, por eso supongo que alguien antes que mi admirada Sonja Graf (1912-1965), se habrá detenido ante un ventanal, contemplando el desarrollo de alguna partida jugada en el interior del edificio, pero quiero cederle la palabra a esta gran ajedrecista alemana y que ella misma, desde su libro” Una mujer ajedrecista” nos cuente el siguiente relato…
“Un día, tenía yo veintiún años, al salir de compras, pasé por delante de uno de los cafés mas conocidos de Munich, donde se jugaba al ajedrez. ¡Qué a gusto me detuve delante¡ Aquél era mi mundo!, me paré delante del gran ventanal que da a la calle y miré…. En primer plano un hombre jugaba al ajedrez con una jovencita, y detrás del amplio local jugaban muchos ajedrecistas. Entonces observé a las personas y me parecieron absolutamente corrientes. La partida jugada precisamente delante de mis ojos, entre hombre y jovencita, me cautivó tanto que mis facciones instintivamente debían delatar todos mis pensamientos. Cuando la muchacha jugaba, a mi entender catastróficamente, dominaba los músculos de mi cara una rabiosa expresión de desencanto, mientras que después de las buenas jugadas del hombre, se podía ver en mis facciones una amigable expresión de asentimiento. Así estuve cerca de dos horas y media delante de Dr Dycckhoffesa ventana sin que en el mundo de mis pensamientos existiera otra cosa que el ajedrez. Repentinamente fui arrancada de mi observación. Un ajedrecista se hallaba a mi lado disculpándose y aclaró que había comprendido, por mi actitud, lo aficionada que yo era al ajedrez y que por tanto, debía de entrar y jugar alguna partida. Magnífico pensé. Mis deseos iban a cumplirse. Al principio contesté titubeando, que no podía jugar porque solamente sabía lo que había visto en mi casa. Pero el ajedrecista insistió: - Ahora debe usted venir, hemos comprobado que le gusta el ajedrez y no la dejaremos ir.
 ¿Qué podría entonces hacer ?.Le seguí al interior del café, me buscó un contrario, del cual no tuve interés en saber quién era, y fue cómico… le gané. Los aplausos parecían no tener fin. – Usted debe venir todos los días – me dijeron- y puede llegar lejos en el ajedrez con sólo que lo desee.
¿Qué importaba la riña y demás por llegar cerca de cuatro horas tarde a mi casa?. Mi decisión estaba tomada; ya tenía suficiente edad y decidí volver y dedicarme a mi querido ajedrez. Cerca de nueve meses estuve de esa forma en el Club de Ajedrez de Munich, y ya desde las primeras semanas, observé que un señor parecía interesarse vivamente por mi juego; casi diariamente estaba allí, mirando mis partidas, a veces durante horas, sentado a mi lado y sin hablar. Aunque aquella persona no me había importado, llegó un día que ocurrió lo contrario. Era martes de Carnaval y yo llegué al Club disfrazada de botones; había gran concurrencia y yo tuve que enfrentarme con un gran número de rivales; a uno tras otro fui dando mate, con gran regocijo del público, y tras esta exhibición me llamó aparte el mencionado señor que durante medio año me había estado observando y que resulto ser el Dr. Dyckhoff. Se entabló el dialogo:
 -Jovencita, ¿cuándo ha aprendido a jugar al ajedrez?
-¡Nunca! -fue mi pronta respuesta.
-¿Cuántos libros de ajedrez ha estudiado usted?
-Pero, ¿es que existen libros dedicados al ajedrez? –y solté una franca carcajada.
-Usted es ya un pequeño genio del ajedrez y yo intentaré que sea una maestra mundial
-Magnífico, ¡gran maestro!
Por poco me da un sincope. Así se convirtió el Dr. Dyckhoff en mi profesor. Me enseñó los principios fundamentales del Dr. Tarrasch. Un estilo abierto y libre en consonancia con mi temperamento, fue la base para mi enseñanza.”
Por cierto el libro de Sonja Graf, ”Una mujer ajedrecista”, también lo he visto con otro título: ”Así juega una mujer”,que personalmente me parece un título mas sugestivo. Así comenzó la formación ajedrecística de una de las mejores jugadoras de todos los tiempos. Como seguramente sabrá el lector de este artículo, el Dr. Eduard Dyckhoff (1880-1949), fue campeón mundial por correspondencia en 1930.
El texto narrado por la entrañable Sonja Graf, esta sacado íntegramente de un libro de Julio Ganzo, titulado “Ajedrología”, que el director de esta página, Antonio Manrique, me prestó hace ya casi dos meses y aunque ya lo he leído, aún no se lo he devuelto (¡qué vergüenza!), tranquilo Antonio, que te lo devuelvo seguro y gracias por tu generosidad y ayuda.
La siguiente anécdota, es de transmisión verbal, no he hallado ninguna fuente escrita, pero creo en su veracidad (al menos en lo fundamental), porque salvo algunos detalles diferentes, todos los testigos que me la contaron, coinciden en los detalles importantes. Durante los doce años que jugué con el equipo del Casino de Algeciras, me contaron muchas anécdotas y vivencias que ocurrieron en aquella anacrónica y obsoleta entidad. De todas ellas, la que más me impactó, es la que contaré a continuación, según la versión de mi desaparecido amigo, Antonio Pérez Iglesias, un genio del humor y de las rápidas caricaturas a lápiz. Acordándome de él y en su memoria, ahí va, la siguiente anécdota de ajedrez tras los cristales.
Plaza alta“ A finales de los años sesenta del pasado siglo, como tantas tardes, estábamos jugando al ajedrez, aquí en esta sala ( en ese tiempo, la sala de ajedrez del Casino, estaba en la parte de abajo y era la mejor de todas las salas, entre otras razones, por su magnífica vista, sus ventanales, permitían divisar la Plaza Alta, uno de los símbolos de mi ciudad),y mientras comentábamos las incidencias de una partida, jugada entre los jugadores “B” y “N”,observé cómo se acercaba un señor, desde La Plaza Alta, hacia donde estábamos nosotros. Dicho señor, durante mucho tiempo, estuvo asomado por los cristales, observando la partida entre B y N. Los gestos del señor, su aire de extranjero y su extraña gabardina, comenzaron a llamar la atención de todos los jugadores que estábamos en la sala. El misterioso visitante, cada vez que movía el jugador B, parecía complacido, pues éste, paulatinamente incrementaba su ventaja; y justamente, sus gestos indicaban lo contrario cuando correspondía mover al jugador N. Cuando el jugador N, se percató de lo que ocurría, abandonó la partida y volviéndose hacia el enigmático espectador, le indicó que entrara para jugar contra él. l paciente observador, le decía tras los cristales, que el portero del Casino, no le dejaba pasar. El jugador N, se fue rápidamente a hablar con el portero para que éste, dejara entrar al hombre que miraba por la ventana. Todos pudimos oír desde la sala, el diálogo entre el jugador N y el portero.
El jugador N, decía:
-deje usted pasar al señor de la ventana, el de la gabardina; que no se irá sin perder conmigo.-
Tras este breve trámite “burocrático”, el señor de la gabardina, entró a la sala de juego .Con acento extraño pero cordial, saludó a todos y se dispuso a jugar contra el jugador N. Una tras otra, todas las partidas fueron ganadas fácilmente por el visitante. El jugador N, muy contrariado, decía a todos en tono de excusa:
-Esta tarde, estoy muy despistado, no estoy para jugar.
No pudiendo creer lo que sucedía, el jugador N, preguntó al desconocido jugador:
Alberic O´kelly de Galway -¿Cómo es posible que me gane usted con tanta facilidad?, he sido varias veces campeón del Casino y nadie me ha ganado tantas veces seguidas.
La identidad de nuestro personaje, seguía siendo una incógnita, pero éste contestó de de esta forma:
-hace mucho que en mis libros de ajedrez, recomiendo no jugar las aperturas de la manera que usted las ha jugado, pues ya están refutadas.
 Un asombro general se manifestó en las caras de todos los presentes, y el jugador N, casi con timidez, preguntó:
-¿pero usted quién es?
En torno al visitante, la expectación se cortaba en el aire, y éste respondió:
-disculpe que no me haya presentado, pero con sus prisas por jugar, se me olvidó hacerlo. Soy Alberic O´kelly, gran maestro y campeón de Bélgica.
Un murmullo de asombro y alguna que otra risa se oyó en la sala.
En efecto, Alberic O´kelly de Galway (1911-1980), fue siete veces campeón de Bélgica y campeón mundial de ajedrez por correspondencia. Dudo mucho que el jugador N, con quien yo mismo he jugado varias veces, aunque no se encontrara despistado, pudiera vencer a O´kelly. El gran maestro belga, aprovechando su invitación al malagueño torneo “Costa del Sol”, decidió visitar Gibraltar y algunas ciudades de la comarca. Así es, como una buena tarde, apareció por Algeciras. Por cierto, la variante de la defensa siciliana que comienza con este orden de jugadas: (1e4 c5 2Cf3 a6), es mundialmente conocida como variante O´kelly.
Antes de comenzar con el último suceso de ajedrez tras los cristales, quisiera pedir perdón públicamente por mi osadía y por gastar una broma a un dependiente del Corte Inglés de Las Palmas. Lo hice sin pensarlo y por supuesto sin ánimos de ofender a nadie, sólo por divertir a mis compañeros de equipo. Divertirnos y reír mucho, era algo muy habitual entre nosotros, y me siento muy orgulloso de haber formado parte de aquel equipo, pues no es nada fácil ser campeones durante doce años seguidos de la provincia de Cádiz; ningún otro equipo, lo ha conseguido en toda la historia del ajedrez gaditano. El siguiente relato, sucedió en la primavera de mil novecientos ochenta y uno ¡cómo pasa el tiempo! y a pesar de todo, lo recuerdo como si hubiera ocurrido ayer… Tras eliminar al equipo campeón de Ceuta, nos tocó enfrentarnos con el equipo de Córdoba. Aquella eliminatoria, fue muy tensa y dramática, entre otras razones porque quien venciera, le tocaba por sorteo viajar a Las Palmas y estábamos locos de ganas que nos correspondiese a nosotros viajar (hace poco, en el mes de noviembre volví a Las Palmas, pero aunque me hacía ilusión, no fue como la primera vez); después de muchas horas y de largas y fatigosas partidas, conseguimos vencer a los cordobeses… ¡eureka!, ¡qué bonito es vivir!, ¡nos vamos a Canarias !.
Corte Inglés de las PalamasDe aquel mágico e inolvidable viaje, tengo recuerdos y sensaciones muy agradables; sólo tres detalles no tan agradables, hacen que a veces sienta un sabor agridulce. Uno de ellos fue que bebí agua del grifo del lavabo del hotel, era como beber veneno que aunque nunca lo he probado, después del trago, no me hubiera importado; pues quería morirme del asco tan grande que sentía.
El segundo detalle con sabor también amargo, me lo produjo la pérdida de mi primera partida contra el fuerte jugador Juan Martín, eché por tierra una sencilla posición de tablas; aunque la segunda partida me fue favorable y gané en buen estilo.
El otro “detalle enturbiador”, de tan gratos recuerdos, es el que os contaré a continuación. Desde nuestra llegada al aeropuerto de Gando, fuimos muy bien tratados por el equipo de Las Palmas, capitaneados por el excampeón de España, José Miguel Fraguela. Durante toda nuestra estancia, hasta el regreso; todo fueron atenciones para nosotros, doy las gracias nuevamente a todos desde estas líneas. La invitación a almorzar en la Casa de Andalucía, el libro de Rey Ardid “Finales de Damas” y la colección de la antigua revista Ajedrez Canario, son regalos que siempre agradeceremos.
El primer encuentro, terminó con empate a dos puntos (cada equipo, estaba integrado por cuatro jugadores) y sólo yo, fui el único de mi equipo que perdió; pero el resultado global de la primera jornada fue muy bueno para nosotros. Como comentaba antes mi posición era de tablas pero me despisté y terminé perdiendo. Aquella noche dormí muy mal pensando que de no perder, habríamos derrotados a un equipo que contaba en sus filas con el mítico Bent Larsen, otrora candidato al título mundial, que aunque no jugó de alguna manera su arte ajedrecístico, gravitaba sobre nosotros.
Al día siguiente, mientras desayunábamos se nos ocurrió acompañar a nuestro compañero de equipo José Carlos Aranaz (quien ganó un largo e interesante final a Sergio Cabrera, una joven promesa del ajedrez canario de aquellos tiempos), al Corte Inglés, para comprar material de dibujo, pues el iba a comenzar a estudiar arquitectura en Sevilla. Por esos designios incompresibles del destino, hoy en día, José Carlos, sigue siendo compañero mió del equipo de Espartinas; (qué tío más pesado). Javier de Luís, fue el único que quiso quedarse en el hotel. Javier Tarrio, José Carlos y yo, salimos a pasear y “ver mundo”. Recordaré siempre, que antes de entrar al centro comercial; Javier Tarrío, tuvo un extraño presagio y lo de extraño lo digo por la firmeza con que lo dijo:
- Rafael, hoy estarás inspirado y jugarás una gran partida.
Un tanto sorprendido respondí:
-Magnífico Javier, como tienes poderes, por favor baila la danza de la lluvia, para que llueva, que hace mucho calor.
Riéndonos, entramos y salimos del Corte Inglés, pero entremos primero. José Carlos, se perdió en busca de sus bártulos de estudio y Javier y yo, íbamos buscando libros de ajedrez; pero mientras nos dirigíamos a la sección de libros…¡zas!, vimos que tras los cristales de un mostrador, un dependiente, jugaba una partida de ajedrez con una computadora de exposición. No hace falta decir que las máquinas de ajedrez de hace más dos décadas, entendían de ajedrez lo mismo que yo entiendo de informática, es decir, absolutamente nada. Por curiosidad y por algo de magnetismo, nos acercamos para observar mejor esa máquina, que tras los cristales, parecía receptiva de jugar con nosotros.
El dependiente, de manera muy agradable (como todo el que desea vender algo), nos invitó a jugar contra la máquina. Javier Tarrío, quería que jugase yo, y sin más, me dispuse para jugar. Antes de comenzar a jugar, le dije al dependiente que yo apenas sabía mover las piezas. Javier, con aire de complicidad, me miró sonriendo. En la primera partida que jugamos, cuando casi estaba terminada la apertura, yo pregunté a Javier:
-¿no había una jugada de rey y torre que se llamaba “entroque” o algo así ?.
-enroque, se llama enroque. Me corrigió Javier.
¿Cómo se hace?, pregunté.
El dependiente, mudó el semblante al darse cuenta que si yo enrocaba, ganaba de inmediato, pues o daba mate, o ganaba la dama. Algunas jugadas después, decidió rendirse. Se le podía leer en el rostro su contrariedad y su pensamiento. Era como si pensara: “este tío tan bruto, que no sabe ni hacer el enroque, ¡qué suerte tiene!”.
El dependiente, queriendo vengarse, ordenó a su máquina que jugara de nuevo contra mí. Javier se mordía la lengua, los labios y hasta los dientes, conteniendo como podía la risa. La segunda partida, tuvo el mismo desenlace que la primera, sólo que esta vez, en lugar de preguntar cómo se hacía el enroque (pues ya me lo habían enseñado), pregunté;
- Javier, ¿no había una jugada que era “peón por peón al trote?”.
Javier soltó una carcajada, no pudo contenerse y respondió:
-No hombre no, eso es peón por peón al paso.
-Y cómo se hace, pregunté.
El dependiente, otra vez cambió de semblante, y parecía decir: “Con el bruto este, no vendo ninguna máquina; ahora si captura al paso, otra vez gana irremediablemente. Es mejor que se vaya ya porque como vengan mas clientes, lo compran a él en vez de comprar mi máquina”. El dependiente, volvió a ordenar a su máquina que se rindiera. No pudiendo contener su contrariedad me dijo con algo de agresividad:
-Le ha ganado usted a la máquina de pura suerte.
Yo respondí:
-Pues en vez de datos y conocimientos de ajedrez, exija usted que a su máquina, le inyecten una tonelada de “pura suerte”.
Nos despedimos con la amabilidad que aún nos quedaba y cuando encontramos a José Carlos, regresamos al hotel para reunirnos con Javier de Luís y comer con él y prepararnos para la segunda y definitiva jornada de la eliminatoria.
Dorado Gabinete LiterarioNunca olvidaré aquel salón de actos del Dorado Gabinete Literario de Las Palmas. Un local fascinante, muy bien decorado y muy amplio y con fácil acceso a la cafetería. Las cuatro partidas que se jugaban, eran representadas al numeroso público asistente, mediante cuatro tableros murales, así todos los aficionados podían seguir las partidas sentados cómodamente en sus butacas. Era lo más parecido a un teatro ajedrecístico que he visto nunca.
En efecto, aquella tarde jugué inspirado y tras salir con ventaja de la apertura me lancé al ataque del rey contrario y gané de manera brillante. Mis compañeros no tuvieron la misma suerte y todos perdieron. Se cumplió la premonición de Javier Tarrio y yo me desquité de la derrota del día anterior. Sólo una pena y una sensación de vergüenza, me invadió de forma súbita (y aún persiste dicha sensación); pues al terminar la partida y salir con mi adversario para analizarla, pude ver un señor sentado con los brazos cruzados y mirándome con cara de Drácula con dolor de muelas y queriéndome asesinar con la mirada…. Como habrá adivinado el lector, ese señor no era otro que el dependiente del Corte Inglés. Parecía decirme con su mirada:
-No te mato porque iría a la cárcel, además de bruto eres un mentiroso que decía que no sabía jugar.
Como estoy enrojeciendo de vergüenza con sólo recordar este suceso, ya va siendo hora que acabe el artículo, pero antes me gustaría decirle a los tres actores principales de las tres anécdotas lo siguiente:
En primer lugar diría a Sonja Graf:
- Como tú ya sabes, admirada jugadora, hiciste bien en seguir el consejo de estudiar ajedrez, porque como dice un antiguo proverbio: El estudio, es un árbol que a veces tiene raíces amargas pero su fruto siempre es dulce”.
En segundo lugar diría a O´Kelly:
- Virtuoso ajedrecista, disculpa al jugador N de mi ciudad, pues de la misma manera que por suerte, el hábito no hace al monje; por llevar una deslucida gabardina, no se deja de ser todo un campeón de ajedrez.
Y en tercer lugar, a mi mismo me diría:
-¡Pedazo de alcornoque!, la próxima vez pregunta al dependiente si es aficionado a ver partidas de ajedrez en directo.
De todas formas, incluso el ajedrez tras los cristales, se ve según el color que éstos tengan.
Quiero dar las gracias por su paciencia a quien haya leído este artículo .Saludos para todos y cuidado con los dependientes. ¡hasta la próxima!
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