Recordando a Vera Menchik

Vera MenchikEn ajedrez, como en la vida, muchas veces, damos por sabidas, ciertas cuestiones, que luego no resultan ser tan obvias. Con frecuencia nos apoyamos, de forma casi axiomática, en pilares, que por no ser revisados de cuando en cuando, no nos ayudan a seguir aprendiendo; pues nos creemos en posesión del conocimiento absoluto. Hace unos años, cuando dirigía las escuelas de ajedrez de La Federación Ceutí; durante una clase para principiantes, un jovencísimo alumno, me preguntó con total espontaneidad:
- ¿Qué vale más el caballo o la hucha"?.
En mi total ignorancia, no pude menos que sonreír, el niño, sonriendo también, corrigió de inmediato y dijo que había querido decir alfil, en vez de hucha. Yo le dije que esa forma del alfil, esa rendija, simbolizaba el yelmo de la armadura de un caballero de la antigüedad y que su valor, se consideraba equivalente al del caballo, a saber, tres puntos, como tres peones.
Contesté al joven alumno, como creo que lo haría cualquier monitor, pues yo mismo; queriendo unificar criterios, he preguntado a otros monitores de ajedrez, y en efecto todos me han respondido, hasta ahora, más o menos como yo respondí al joven principiante. Mi sorpresa, llegó cuando algún tiempo después, leí acerca del diseño actual de las piezas y que el autor de dicho diseño, el inglés Howard Staunton (1810-1874), quiso representar en la forma actual del alfil; más que un guerrero, un banquero en forma de hucha; porque en los tiempos modernos, todo gobierno se apoya en los recursos monetarios de su país. Por cierto, hablando de armaduras, debo decir que me alegro que cada vez sean más los arqueólogos, historiadores e investigadores, que opinan que el origen del ajedrez, no hace referencia a la guerra, sino a la filosofía, y que el ajedrez, es el simbolismo de una lucha de ideas y pensamientos, que nada tiene que ver con guerras, muertes y asesinatos.
A veces pienso que los niños, con su inmaculada claridad, ven más y mejor que muchos adultos, que nos dejamos engañar por cosas que creemos ciertas.
Hablando de cosas ciertas, se me viene a la memoria, un debate que mantuvimos en un curso de ajedrez para profesores, sobre si las mujeres, jugaban al ajedrez tan bien ( o tan mal) como los hombres. Yo daba por sentado, que dicho debate, no sería interesante; pues todos sabemos que cada vez, son más las mujeres, que compiten al mismo nivel que los mejores jugadores; pero una vez más y como casi siempre, me equivoqué; el debate fue muy interesante. Sucedió en Algeciras, en el Centro de Profesores (C.E.P.). En el año 1996, impartí un curso de ajedrez para profesores, con el nombre de “El Ajedrez como Asignatura”.El temario del curso, lo enfoqué de forma interdisciplinaria: ajedrez y ciencias, ajedrez y literatura, ajedrez y deportes, ajedrez y pedagogía etc. y también lo doté de técnicas de enseñanza, para que los profesores, tuvieran más facilidades a la hora de enseñar ajedrez a sus alumnos. Me divertí mucho durante las sesiones y desde aquí, quiero volver a agradecer al conjunto de profesores, la alta calificación que le dieron a dicho curso. Cuando hablábamos sobre el ajedrez como deporte, decidimos hacer un debate sobre las razones, por las que son menos las mujeres, que compiten en la cima del ajedrez mundial. Dado que el grupo de asistentes, era mixto, la visión general del tema era más interesante y enriquecedora.
Todos los participantes en general, estábamos de acuerdo en que la razón, residía en cuestiones sociales, que en general, han perjudicado la participación femenina en muchas áreas, como pueden ser: formación académica, accesibilidad laboral, participación deportiva, etc.
La sociedad en general, ha tendido a beneficiar más en muchos sentidos al hombre que a la mujer, esperemos que los tiempos sigan cambiando.
Nadie opinaba (no podía ser de otra forma), que la razón, radicara en la mayor o menor capacidad intelectual de la mujer, a todos nos parecía evidente, que la mujer tiene como mínimo, nuestro mismo potencial intelectual. Pero como había ganas de animar el ambiente y a mí me gusta ser lo más participativo posible, propuse al grupo, que hiciéramos una lluvia de ideas y debatir luego las razones más interesantes sobre la participación femenina en el ajedrez. Al cabo de un rato, más que una lluvia de ideas, era un torbellino de disparates. Eso sí, todo transcurría dentro del más divertido sentido del humor; esas profesoras y profesores, amigos entre ellos, se lo pasaban de lo lindo metiéndose unos con otros. Yo pensaba que si los alumnos, siempre vieran así a sus profesores, igual se contagiaban del buen sentido del humor de éstos.
Una vez acabada la lluvia de ideas, se recogieron “litros” de opiniones y seleccionamos las que nos parecían más susceptibles de debate y nos centramos sólo en tres de ellas.
La primera opinión sobre la que debatimos, era de carácter biológico, es decir la maternidad. Puesto que la mujer esta dotada de manera natural para ser madre, su capacidad de concentración es más dispersa que la masculina, pues ha de estar atenta a más cosas a la vez. Esta opinión, por supuesto es muy discutible y una vez expuesta, leí al grupo un fragmento de interesantísimo libro biográfico “Al ataque” de Damski y Tahl (1936-1992), donde el periodista Damski, le pregunta al excampeón mundial:
- Dime por favor, si alguna vez, durante una partida, te vienen a la mente, ideas que no tengan nada que ver con el ajedrez.
- ¡Continuamente!, nunca olvidaré, por citar un ejemplo, mi encuentro con el maestro Eugenio Vasiukov (Kiev 1964), durante uno de los campeonatos de la URSS. La posición en el tablero era muy compleja, y yo pensaba sacrificar un caballo. No era una variante muy clara, puesto que existían muchas posibilidades. Comencé a calcular y me horrorizó la idea de que el sacrificio fuera falso. Las ideas, se me amontonaban en la cabeza, una repuesta del enemigo correcta, en determinada situación, la traspasaba a otra variante y allí, naturalmente, ese movimiento era inoportuno por completo. Lo concreto es que en mi cabeza, se formó un montón caótico de movimientos, a veces incluso sin ninguna relación entre si, y el “árbol del análisis”, tan recomendado por los entrenadores, comenzó a crecer de manera monstruosa. No sé por qué, pero en ese momento, recordé la célebre poesía infantil de Chukovski: ¡Oh, que difícil es el trabajo/ de sacar un hipopótamo del pantano!. No podría explicar en base a que asociación de ideas, este hipopótamo, se metió en el tablero, pero la verdad es que, mientras los espectadores creían que estaba analizando la posición, yo pensaba en cómo demonios podría sacarse a un hipopótamo del pantano. Recuerdo que en mi cabeza, se amontonaban, cabrestantes, palancas, helicópteros e incluso una escalera de cuerda. Después de numerosos intentos, no encontré ningún método aceptable para sacar al hipopótamo del pantano y pensé con amargura: “¡Pues que se ahogue!”. Inmediatamente el hipopótamo desapareció del tablero. ¡Se fue solo! Y la posición, no resultó ser tan compleja como parecía a primera vista.
Otra idea que planteaba el grupo, estaba basada en un chiste que solía hacer el excampeón mundial, Vasily Smyslov (1921):
“Las mujeres, se concentran menos que los hombres, porque son incapaces de estar calladas durante tantas horas como ellos”.
Esta opinión, es aún más discutible que la anterior y no porque también hay mujeres mudas, sino porque creo que tienen tanto o más espíritu de sacrificio que los hombres. Naturalmente, esta opinión, la planteaban algunos profesores, para provocar las discusiones con las profesoras, en tono de broma, lo cual tampoco estaba mal. También se debatió sobre una cita del gran maestro inglés, Nigel Short; que yo saqué a la palestra: “Las mujeres, son más inteligentes que nosotros, se dedican menos al ajedrez, porque no les gusta perder su valioso tiempo”. Con esta cita, me gané un poco la simpatía de las profesoras, que empezaban a defender su causa con más ahínco. No hace falta decir que las chanzas y bromas eran cada vez más numerosas y contribuían a que el debate fuera más ameno. Yo quería hacer también el papel de moderador, además del de abogado del diablo; y el resumen final, concluyó con la generalizada opinión de que las mujeres, por haberse dedicado menos a los deportes en general y ser menos numerosas sus participaciones, les resultaban más difícil que a los hombres, llegar a la cima del ajedrez mundial. Pero habrá que confiar en que los tiempos están cambiando y las mujeres por derecho propio, igualarán en número de participación a los hombres, ya que en cuanto a talento, no tengo ninguna duda de que por lo menos. están al mismo nivel.
Vera vs MiesesEl debate en sí, no tenía mucha razón de ser, pero permitió que el grupo se conociera mejor y esto hizo que el resto de las reuniones, fuesen mucho más participativas. Desde esta página, me gustaría decir que no veo ninguna razón para que exista esa división entre ajedrez femenino y masculino. El ajedrez, es un factor socialmente integrador y todas las personas en principio, están capacitadas por igual para practicarlo. En la actualidad, son muchas las mujeres que compiten con plena igualdad, en muchos torneos con los hombres. Pero no siempre fue así; hubo que esperar que Caissa, nuestra diosa del ajedrez, nos trajera a la tierra una auténtica pionera, una mujer cuya personalidad, ayudó a popularizar entre las mujeres, nuestro juego.
El ser humano, ha inventado tantas deidades, que las hay de todas clases, en el caso de Caissa, podríamos decir que es remolona y tardía, pues nació en 1763, mucho después que se hubiera inventado el ajedrez; producto de la imaginación del poeta William Jones, que tenía entonces 17 años, pero el poema “Caissa”, se publicó en Oxford en 1772. En dicho poema, nuestra diosa propone al belicoso Marte, dios de la guerra, corresponderle a cambio que invente un juego maravilloso. A Caissa, le critico además de no saber que el ajedrez estuviera inventado, que correspondiera a un dios beligerante, ya que cualquier guerra, es una maldición para la humanidad. Pero en fin, como el amor es ciego… habrá que perdonar a la diosa.
Club Vera MenchikComo no creo mucho en los dioses, debo suponer, que la pionera a la que me refería, tuvo unos padres humanos. De padre checo y madre inglesa, nació para gloria del ajedrez, Vera Francevna Menchik, el día 16 de noviembre de 1906 en Moscú. Aprendió a jugar a los nueve años y en 1921, se trasladó con su familia a Inglaterra. Vera, tuvo como profesor de ajedrez al gran maestro húngaro, Geza Maroczy (1870-1951), jugador de estilo posicional, como demuestra el sólido esquema de peones y piezas, que lleva su nombre, (formación Maroczy). Maroczy, era además un gran técnico en finales sobre todo, los de damas y peones. La inteligentísima e intuitiva Vera, adquirió pronto los conocimientos necesarios para tener una comprensión general de cualquier posición, que pudiera surgir durante la partida. Vera, conjuntaba armónicamente, un talento natural inmenso, junto a una gran capacidad de trabajo y con este binomio infalible, consiguió un nivel de juego, que le hizo competir por igual con los mejores jugadores de su tiempo. El excampeón mundial, José Raúl Capablanca, decía de ella, que era la única mujer de aquel tiempo, que jugaba como los hombres. En efecto, la genial Vera, fue la primera, pero no la única; tras ella, paulatinamente, otras jugadoras, fueron compitiendo con nivel similar al de los hombres. Tras derrotar a Sonja Graf en 1927, Vera obtuvo el campeonato mundial femenino, título que retuvo hasta su trágica muerte. Fue campeona mundial, nueve veces seguidas.
Entres los jugadores coetáneos de Vera, se bromeaba afablemente sobre la afiliación al club Vera Menchik. Dicho club, sólo podía estar constituido por los jugadores que hubieran tenido el honor de perder con nuestra heroína. El club Vera Menchik, se fundó en el año 1929 durante el torneo de Carlsbad, ajedrecística ciudad de la región de Bohemia, perteneciente como sabemos a la actual República Checa. Por lo visto, al teórico y fuerte jugador austriaco, Albert Becker, se le ocurrió proponer irónicamente, que todos los maestros que perdieran con la campeona femenina, debieran ingresar en un club, que se denominaría, “Club Vera Menchik”. Becker, parecía tener muy claras las cosas, es decir, que él, no perdería con Vera, pero por ironías del destino, él, fue el primero en ingresar en el club; y es que como dice un antiguo refrán: en boca cerrada, no entran moscas.
Todos los maestros que perdían con Vera, firmaban en el libro de inscripción, Becker (1896-1984), fue el primero, pero tras él, muchos de los mejores jugadores de la época, ingresaron en el club, como por ejemplo: Saemisch (1896-1975), fuerte jugador alemán de combinaciones brillantes y teórico que ha dado nombre a varios sistemas de aperturas, Colle (1897-1932), campeón de Bélgica e inventor del sistema de apertura que lleva su nombre, Reshevsky (1911-1992), gran maestro de origen polaco, varias veces campeón de Estados Unidos, Golombek (1911-1995), campeón de Gran Bretaña en tres ocasiones, Yates (1884-1932), autor de varios libros y seis veces campeón de Gran Bretaña, Erich Eliskases (1913-1997), fortísimo jugador que defendió las selecciones de ajedrez de tres países, Austria, Alemania y Argentina , Akiba Rubinstein (1882-1961), candidato al título mundial uno de los mejores jugadores de la historia, y para muchos, el mejor finalista de todos los tiempos, Tartakower (1887-1956), uno de los jugadores más cultos y polifacéticos de la historia, Sir George Thomas (1881-1972), uno de los mejores jugadores británicos de su tiempo, etc.
La lista por supuesto, es mucho más larga y repleta de primeras figuras, lo cual demuestra la fuerza de nuestra querida Vera Menchik. Sobre esa larga lista, me gustaría comentar dos anécdotas. La primera, tiene como protagonista nada más y nada menos que a Max Euwe (1901-1981), campeón del mundo durante los años (1935-1937), que sólo después de perder con Vera en el torneo navideño de Hastings (1931-1932) y por tanto, formar parte del club; conquistó el título mundial. A este formidable gran maestro holandés, “se le otorgó el honor”, de ser presidente del club.
La segunda anécdota, hace referencia al jugador indio, Sultan Khan (1905-1966), el cual, después de ingresar en el concurrido club, no quiso volver durantes dos años a su país, por miedo a las burlas de sus compatriotas. Sobre este jugador, me gustaría decir, que su verdadero nombre era, Nawab Malik Mohamed Umar Hoyat Khan, y que fue campeón de La India (1928), y del imperio británico (1929). En algunas fuentes, he leído que era de nacionalidad paquistaní, de todas formas, durante dos años, daba igual de donde fuese; pues no pensaba volver a su país. Por otra parte, en esos tiempos, anteriores a la miserable Segunda Guerra Mundial, las divisiones territoriales, eran distintas a las de hoy en día.
En 1937, se casó Vera, con Rufus Henry Streatfeild Stevenson, quien fuera secretario de la federación británica de ajedrez y obtuvo la misma nacionalidad que su marido. El señor Stevenson, era muy amigo de Edward John Moreton Drax Plunkett, XVIII Barón de Dunsany (1878-1957); más conocido por Lord Dunsany (¡qué alivio, poder abreviar su nombre!), hombre muy versado y prolífico en cuestiones literarias, además era muy aficionado a nuestro arte. En 1943, durante la Segunda Guerra Mundial (yo diría, Inmunda Guerra Mundial), Lord Dunsany, le dedica a su amigo, un poema que habla del daño que está causando dicha guerra, y de cómo jugar al ajedrez, es mucho mejor que aniquilar vidas y ciudades.
Además, este poema, por varias razones, es estremecedor para mí, y la razón principal, es que me parece profético, pues de alguna manera, parece que anunciara la terrible e injusta muerta de mi querida y admirada Vera. Ahí va el poema que Lord Dunsany, dedica al señor Stevenson.
Dicen que el arte, no sirve para nada;
que las plácidas veladas jugando al ajedrez,
la emoción, el triunfo y la tregua
a las preocupaciones, carecen de valor.

Y no obstante, si todos aquellos, cuyo fin
es  dañar al hombre, jugaran ajedrez,
aún  tendríamos en pie, ciudades,
que ahora, son polvo entre los muertos.
 
 
Dedicado a Rufus Henry Streatfeild Stevenson, administrador del ajedrez británico, esposo de Vera Menchik.
Publicado en el British Chess Magazine Abril de 1943.
A pesar de las sutilezas poéticas perdidas, debido a la traducción, me emociono cada vez que leo este poema.
Vera Menchik, además de ser una gran ajedrecista, era una mujer muy cordial, humilde y una gran trabajadora. Hasta el día de su muerte era editora de la famosa revista de ajedrez Chess.
La tragedia voló sobre el cielo de Londres, un 27 de Junio de 1944. La muerte, dejó caer su guadaña en forma de explosión. Vera Menchik, murió junto a su madre y su hermana al estallar una bomba sobre su casa. Me sobrecoge una terrible angustia, cada vez que recuerdo este suceso.
Creo que para rendir un sentido homenaje a esta gran mujer, lo mejor es reproducir la selección de partidas jugadas por ella, que se adjunta al final de este artículo.
He decidido, pidiendo perdón y permiso a la musa Euterpe (ya que la inspiración, no me ha sido dada), dedicar unos versos a nuestra recordada jugadora. Con el corazón , más que con la técnica, ahí van para ella.

Stevenson  SONETO PARA VERA

Cayó del cielo el asesino ataque,
terrible celada, la muerte trama,
raptando, del tablero nuestra dama,
golpea la parca, con injusto jaque.

Borrar quiero el día del almanaque,
que la ira de la guerra, te reclama.
Para regresarte, mi voz te llama,
suplicando al dios Marte ,que se aplaque.

Eterna vivirás en la memoria,
de los que admiramos tu sutil arte.
Para jugar contigo…. ¡mi alma espera!,

Figura mágica eres de la historia,
Rabia  y alegría siento al recordarte…
¡Quiero entrar en tu club, amiga Vera!
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