Misiones (I)

Atrás queda San Rafael, Mendoza, llegando a Tucumán.
(Dedicado a mi amiga Arián, por tantas cosas compartidas, por tantos  días y kilómetros juntos, por tantas discusiones, por tantos combates a muerte; pero sobre todo porque  los años pasan, y nuestra amistad, cada vez es más fuerte; te quiero Arianidus).

Quiero agradecer una vez más a todos los amigos, lo benévolos  y comprensivos que  sois  conmigo. Gracias por vuestros edificantes comentarios sobre mis relatos.

“Muchos indios se quedaban como huéspedes, volvían a su selva, regresaban a la ciudad esporádicamente hasta que solicitaban instrucción y finalmente eran integrados en la ciudad a través del bautismo, en ceremonias de enorme solemnidad popular."

Todo lo dicho es sólo un breve resumen de una de las páginas más bellas de nuestra historia. La gran belleza de las iglesias de las Ciudades de las Misiones Jesuíticas que quedaban en pie y sus enormes plazas que nos asombran hoy perdidas en  lugares selváticos e insospechados, simbolizan la belleza moral y cultural de aquellos hombres y mujeres que vivieron como ciudadanos libres y cristianos. La historia de América hubiera sido totalmente distinta, si la cultura de estas ciudades hubiera podido seguir su desarrollo natural. Pero constituyeron un modelo real incompatible con los nuevos poderes que en Europa anunciaban nuevas revoluciones sociales. Cuando la UNESCO protegió de forma decidida los restos materiales que quedaban, estaban protegiendo unos valores de la humanidad que nunca debieron perderse. El 13 de Octubre de 1767, Carlos III de España ordenó la expulsión de los jesuitas de todos los territorios españoles. Los misioneros se fueron en silencio para evitar un levantamiento de los indios que exclamaban:

“…zoiyaí, azica anná…”,  Padre, quédate aquí, no te vayas.

“…yaqui,  nazaratí, zoichacú…”, “¿Quién nos protegerá, asistirá y ayudará? ¿Quién nos llevará al cielo?”

(Javier Morales Vallejo, doctor en historia del arte).

Personalmente creo que ninguna civilización o creencia religiosa, debiera interponerse ni querer suplantar ningún sistema social, salvo que realmente sea necesario; si en ello va la vida de un pueblo. También pienso que casi ningún tipo de aculturación es apropiado, porque esto puede hacer desaparecer las verdaderas identidades de una determinada etnia o pueblo y  entonces, ¿en qué nos convertimos como sociedad y como personas? ¿Sería bueno que nuestras costumbres y las referencias que nos distinguen como pueblo, desaparecieran de nuestras vidas?

Desde que estuve con mi aventurera amiga Arián, en la provincia argentina de Misiones (que lleva este nombre por las misiones evangelizadoras de los jesuitas  con los guaraníes), me  interesé  por saber cómo era la relación  entre esos dos sistemas de vida tan dispares.

Comprendí que la convivencia, era muy buena y que los jesuitas defendieron a los guaraníes, evitando como pudieron que tanto portugueses como españoles, agrandaran sus territorios en esa zona. Se opusieron sobre todo a los bandeirantes portugueses, que no eran otra cosa que bandas armadas,  que  por puro interés económico, querían someter a la esclavitud a los indígenas. Por defender las misiones, los jesuitas, no sólo se opusieron a los gobiernos tanto de España como de Portugal, también esgrimieron los intereses  del Vaticano.

Por estas razones, respeto la labor de los jesuitas en esta extensa zona de Sudamérica, pues aunque en algunas cosas no estoy conforme con ellos, la verdad es que fueron consecuentes, y contra viento y marea,  defendieron lo que ellos creían que era justo.
 
Concentrando energías , pensando en Misiones,
 Tafí del Valle, Tucumán
Quiero también comentar que el sinónimo de misiones, es el de reducciones, y este término, está mal empleado, pues lejos de ser reducidos, los guaraníes, gozaban de plena libertad y vivían básicamente en buena armonía con los jesuitas, pues ellos mismos tomaban muchas decisiones que favorecían su propio bienestar como pueblo.

De esta forma describe el erudito Voltaire, lo que pensaba sobre las misiones:”En cierto sentido significa un triunfo de la humanidad”

Recordemos que François Marie Arouet, de pseudónimo, Voltaire, era ateo, lo cual desde mi punto de vista, da más valor a la cita anterior, pues al menos en apariencia, cuando pensaba, no le movía la fe.

Jamás olvidaré las lágrimas de Arián, cuando en el museo arqueológico de San Ignacio, se acongojó al advertir que la armonía, entre las dos civilizaciones, fue brutalmente truncada  por los malditos intereses económicos.

 Amistades de tan buen corazón como el de Arián, son las que todos necesitamos.

“Las huellas de las personas que caminaron juntas, nunca se borran” (Proverbio congoleño).

“La ciencia será siempre una búsqueda, jamás un descubrimiento real, es un viaje, nunca una llegada” (Karl Poopper).

“Los viajes sólo son necesarios para las imaginaciones menguadas” (Gabrielle Sidonie, Collette).

“Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia” (Enrique Jardiel Poncel).

“Mientras tomo un café, pienso cuál de las dos citas anteriores, es la más acertada. Ambas frases me hacen recordar que cuando estuve en Argentina, comprobé que salvo  algunas constelaciones comunes a los dos hemisferios terrestres, ninguna estrella me era conocida, así como también observé que en cualquier desagüe, por el efecto de Coriolis, el agua gira en sentido inverso a como lo hace en nuestro hemisferio. Advertí muchas cosas que allí, suceden al revés que aquí; y todo esto, me hizo meditar sobre la humildad, pues con mucha frecuencia, las cosas no son como creemos”.

(Perdonad  al autor de estas líneas, no para de decir tonterías).

Cada vez estoy más convencido de lo saludable que es para el espíritu humano, que nuestros sueños se cumplan. De niño soñaba con viajar a Sudamérica, y lo de soñar lo digo en el sentido literal del verbo. Mi sueño siempre era el mismo y se me repetía con frecuencia. Durante muchos años, he soñado que  desde el puerto de mi siempre recordada Algeciras, un barco de vapor, típico de finales del siglo XIX, partía de la preciosa bahía de mi ciudad y se dirigía hacia Sudamérica. No sé cómo he llegado al buque, pero puedo pasear  por él con entera libertad, incluso tengo acceso sin restricciones para entrar al puente de mando del vapor. En un mapa de elegante y cuidada cartografía, puedo ver la travesía que será efectuada, pero la imaginaria trayectoria del barco, en su parte final no está bien definida, el destino de la ruta, se me antoja incierto, pues parece converger  de forma difusa entre tres naciones: Brasil, Argentina y Uruguay. Hoy comprendo el motivo de dicha confusión, pues en otro tiempo las fronteras, no estaban  prefijadas, el ser humano aún no las había trazado en esta parte del planeta.  También sé ahora, que si Paraguay, tuviese puerto de mar, formaría parte de esa amalgama fantasiosa de estados.
En Misiones, meditando
Cuando llevo cierto tiempo caminando por la nave, tomo conciencia  que no hay tripulantes, ni pasajeros por ninguna parte. Me inquieta saber que estoy solo en el náutico y móvil palacio de madera. Regreso al puente de mando y sobre una mesa circular, observo algo que antes no estaba, un juego de ajedrez cuyas piezas son magníficas tallas de madera con peanas de mármol. Me acerco a la mesa, me siento ante el artístico tablero (en este sueño, siempre me toca conducir las piezas negras), me concentro esperando que alguien realice la primera jugada de las blancas, pero frente a mí, no hay nadie y no obstante, observo atónito cómo el peón situado delante del rey, avanza dos casillas. Aunque de alguna manera, esperaba que alguien jugara, al darme cuenta de la rareza de la iniciada partida, siento miedo. Aún así me concentro para responder y contestar con una jugada simétrica, pero al asir mi peón de rey, observo que mi dama ha desaparecido, justo en este momento, advierto que la fantasmagórica partida, no puede continuar y el peón avanzado de las piezas blancas, misteriosamente regresa a su  casilla de origen, como si una invisible mano lo hubiese movido.

La sirena suena orgullosa por toda la bahía, anunciando que vamos a zarpar, el barco se pone en marcha, y continúo solo. La singladura ha comenzado y sigo sin ver a ninguna persona  y sin saber  quiénes son los tripulantes. Salgo a cubierta con idea de divisar delfines, pues son muy comunes en  el Estrecho de Gibraltar. Observo que tanto a estribor como a babor, estos estilizados cetáceos, acompañan  saltarines y alegres al barco. El pregonero sonido de la sirena, se mezcla con el graznido estridente de las gaviotas, mientras el vapor se acerca al faro de Algeciras. En un determinado momento, siento ansias por acelerar la marcha y llegar lo antes posible a Sudamérica y justo entonces, veo la figura de madera que faltaba en el tablero. Es una dama negra que está de pie sobre el borde de la barandilla de la punta de la proa, acelero mis pasos, pero un ligero cabeceo de la nave, la hace caer al agua. Me desespero, me siento culpable de tan lamentable pérdida, pues  el juego quedará incompleto y la partida nunca comenzará. Corro a toda velocidad intentando asirla y al asomarme por la barandilla, no puedo verla sobre el mar. Quizás la quilla del vapor, esté  pasando por encima de ella. Me dirijo precipitadamente hacia a la popa, la longitud de la eslora, se me hace interminable. Un remolino de agua, hace dar vueltas a la pieza de ajedrez haciéndola emerger sobre las olas, pero luego contemplo que debido al peso del mármol, la dama negra, se hunde lenta e inexorablemente bajo las saladas y profundas aguas de la bahía.

La angustia me invade mientras veo cómo se sumerge la valiosa pieza y en ese preciso instante, una femenina voz que no sé de dónde procede, con una mezcla de orden y de ruego, se hace oír:

-    Al otro lado del mar, hay  una pieza exactamente igual que la que ha caído al agua. La encontrarás enterrada, entre ruinas. No tardes en buscarla, hace mucho que te espera.

Así termina este sueño, que durante tanto tiempo se me ha repetido. Ante  una experiencia onírica de estas características, el único remedio, es realizarla y darle vida; pero como soy y siempre he sido muy pobre, tuve que esperar mucho tiempo, hasta  que las condiciones fueran propicias para realizar tan largo viaje.

Supongo que no es necesario comentar, que mis deseos por ir a Sudamérica, fueron aumentando con el paso del tiempo y que si no lo hice antes, sólo se ha debido a que durante toda mi vida, mis recursos económicos, siempre han sido lamentables; pero como dice Paulo Coelho, cuando verdaderamente deseas algo, el universo conspira contigo para conseguirlo.

Pasaron muchos años desde la primera vez que soñé lo que acabo de narrar, hasta que en Septiembre de mil novecientos noventa y cuatro, conocí en Alicante, a una persona muy significativa en mi vida, mi queridísimo amigo Roberto. Pasó poco tiempo, para que Roberto, ya no me tratara como a un paciente con problemas de ácido úrico, sino como a un amigo. Yo también dejé de tratarle como médico naturista. En muy poco tiempo, mis dolencias disminuyeron y al cabo de menos de un año de sana dieta, el ácido úrico, quedó reducido. En la actualidad, sigo sus consejos sobre alimentación y  tras catorce años, la salud es lo único de mí mismo, de lo que no puedo quejarme.
Con mi amigo Berny,  hijo de Sergio en Catamarca
Durante las vacaciones de navidad de aquel año, regresé a Alicante para visitarle. Hablar con Roberto, aparte de ser muy didáctico, es conversar animadamente durante muchas horas. Una noche mientras cenábamos  me presentó a Arián que desde Madrid, casualmente, también había llegado de visita. No tardé en darme cuenta que más que casualmente, la llegada de Arián era algo que tenía que ocurrir, era más que casual; causal.

Ambos teníamos interés en que Roberto, nos hablara sobre nuestras respectivas cartas natales. Aunque  en ese tiempo, aún no consideraba seriamente estas cuestiones, la verdad es que estos temas esotéricos, me llamaban la atención y siempre  he sentido respeto por ellos.

Nunca había hablado con nadie sobre mi repetitivo sueño del barco, por eso mi sorpresa fue muy grande cuando Roberto, con mi ficha cosmobiológica sobre la mesa; comenzó a interpretar planetas, casas, grados, conjunciones y demás componentes de mi carta. Todo lo que me contaba, me parecía muy interesante, pero mi asombro llegó, cuando me dijo que en mi anterior vida, segunda mitad del siglo XIX (época de los barcos de vapor), casi con toda seguridad yo había sido un marinero infatigable, posiblemente capitán de barco. Como es natural, pensé en una posible relación entre mi anterior vida y mi sueño. Todo se me antojaba muy complejo, necesitaba meditar, poner en orden las sensaciones que como dubitativos zumbidos, daban vueltas y más vueltas en mi mente.

Comenté abiertamente mis ansias por ir a Sudamérica y desde aquella noche, entre los tres, trazamos  planes para viajar en cuanto pudiéramos. Roberto, como buen argentino, natural de Córdoba de la Nueva Andalucía (ciudad que allí también es conocida como Córdoba la Docta), nos comunicó que si íbamos a su país, en muchas ciudades de varias provincias, tendríamos sitio para alojarnos, pues su familia es muy numerosa y está repartida por muchas ciudades. Debo recordar a quien esté leyendo, que allí una provincia, es como en España una comunidad autónoma y que la superficie argentina es casi siete veces la española. Ocho años  más tarde, tanto Arián como yo, pudimos disfrutar de la amable hospitalidad de los familiares de nuestro común amigo. Esa memorable noche, seguimos conversando hasta el amanecer; ya no había marcha atrás, sino aprovechaba  la sincera e inestimable ayuda de mi entrañable amigo, sería muy difícil realizar mi sueño. Hay oportunidades que  son únicas  en  la vida, como la que nos ofrecía Roberto.

Siempre que puedo, al menos una o dos veces al año, sigo visitándole, pero más que como médico, como amigo. Durante esos años decidí ahorrar dinero (todos mis amigos saben que vivo casi con lo imprescindible), iba muy poco al cine y compraba menos libros y mucha menos ropa; también me puse de acuerdo con los compañeros, para no disfrutar de vacaciones, pues para viajar por varios países del otro lado del Atlántico, necesitaría como mínimo tres meses. Arián por otro lado, hacía lo mismo, estaba firmemente decidida a formar parte de un reducido grupo de amigos que viajaríamos a Sudamérica.

Pasaron algunos años y a finales del verano del año dos mil uno, Roberto ya había concretado en distintas ciudades de Argentina, reuniones de yoga, cosmobiología y feng shui a las que estábamos invitados. Por pura devoción, me ofrecí para ofrecer reuniones sobre historia, teoría y práctica de ajedrez. Aparte de todo esto, hubiera dado la vida si fuera preciso por ver las Cataratas de Iguazú, así como por llegar atravesando Los Andes hasta el Pacífico; al otro lado del continente.

Quedaba menos de un año para viajar, yo estaba doblemente contento que marcháramos al verano siguiente, pues eso significaba que allí, sería invierno. A los que como a mí, no les guste el verano, os sugiero que paséis uno de ellos en Sudamérica, pues la sensación térmica deseada, como es natural se prolongará considerablemente.
Duelo en el Paraná con  Arián  en Corrientes
El verano del año dos mil uno, fue en cierta forma muy esclarecedor para mí. Recuerdo que regresábamos ya de noche, Arián y yo, de la cercana localidad de Tibi, habíamos recogido muchas almendras, cerca de la casa de nuestra amiga, Cristina. El hambre, después  de  toda  una  tarde de  recolección, se  hizo sentir de forma súbita. Al llegar a casa de Roberto, nos esperaba una suculenta cena y  por supuesto, tras dar feroz cuenta de los exquisitos manjares de la comida ovo-lacto-vegetariana, comenzamos entre cafés y mates, nuestra nocturna  tertulia. Sentí que debía contar a mis amigos de forma abierta, y con todos los detalles; el sueño que tantas veces durante tanto tiempo, como una constante súplica, muchas noches acudía a mi mente. Cuando acabé de contarlo, Roberto me dijo que al día siguiente, me comentaría la razón por la que varios países, convergían en el espacio geográfico donde el barco debería atracar. Esa noche muy de madrugada, nos retiramos a dormir, descansé hasta por la tarde. El sueño había sido a la vez que  reparador, muy simbólico. El muy astuto y sabio Roberto, me indujo con mucha habilidad (creándome  un misterioso interrogante), a repetir por enésima vez mi viejo sueño. Al reflexionar antes de dormir, no supe el motivo por el que Roberto, no quiso decirme hasta el otro día, cuál era la enigmática zona dónde podría encontrar la oculta dama negra de ajedrez. De nuevo tuve el mismo sueño, pero esta vez, hubo una variante, un ligero cambio se produjo en el sueño.

Cuando camino por la cubierta para divisar los delfines, en lugar de las estridencias de la sirena del barco y los graznidos sofocantes de las gaviotas, una suave música de delicada flauta, parece acompañar mis pasos, hasta que escucho la misma voz de mujer:

-    Al otro lado del mar, hay una pieza exactamente igual que la que ha caído al agua. La encontrarás enterrada entre ruinas. No tardes en buscarla, hace mucho que te espera.

Desde que desperté, deseaba ver a Arián y a Roberto para contarles la novedad onírica de la música de flauta. Estaba convencido que era algo significativo, pero no sabía por qué, era  como si  un nuevo dato, me hubiese sido desvelado. Reinaba el silencio en casa de Roberto, fui a la cocina con intención de preparar seitán en salsa de tomate. No se me ocurrió otra cosa mejor para hacer tiempo. Necesitaba realizar alguna actividad física para distraerme, me sentía inquieto. Creo que al olor de la buena cocina (perdonar mi soberbia), Arián se despertó y poco más tarde también lo hizo Roberto. Estaba ansioso  por  hablar y por preguntarle a mi amigo, qué lugar de Argentina creía  él,  que yo debía visitar para encontrar la pieza perdida. Me dijo que  contara primero el sueño y luego me diría el sitio que él intuía.

Al agradable olor de tres tazas de café (quien en este momento, esté leyendo está invitado), de la forma más precisa que pude, narré el sueño que acababa de tener. Al finalizar pregunté a Roberto si me diría el lugar de una vez por todas. Tanto Arián como yo, no tuvimos más remedio que reír, cuando con su habitual tranquilidad, el naturista, me contestó que me lo diría, después de oír un poco de música popular del noreste de su país.

La acogedora y suave música, parecía extender sus melodiosos tonos por toda la casa y en un momento preciso, sentí que me estremecía, una especie de corriente me electrizaba, erizando casi todos mis vellos. Sobrecogido y absorto, al fin pude decir.

-    ¡Ésa es la música de flauta con la que he soñado!

Mi sabio y buen amigo sonreía, Arián sorprendida me miraba con destellos de solidaridad. Roberto comentó.

-La flauta que has oído, se llama mimby, y es típica de la provincia de Misiones. Ahora te puedo decir con seguridad, la razón por la que sueñas con Argentina, Brasil, Uruguay, incluso con Paraguay. En la conjunción de esos países, vivían los guaraníes y en todos ellos, los jesuitas, construyeron las ciudades llamadas misiones y convivieron con los indígenas. El mimby, es una flauta que en algunas tribus, sólo tocaban las mujeres, creo que por eso la voz que oyes en tus sueños, es una voz de mujer; pero el ajedrez, no es típico de los guaraníes, por eso debieron llevarlo allí o bien los jesuitas, o personas que por solidaridad, apoyaron su causa.

Después de meditar un rato, el erudito naturista, nos aconsejo sobre el mejor tiempo y la mejor ruta para llegar a Misiones. Continuó hablando. 
Kung Fu a muerte en Misiones con Arian
-    A principios de Agosto, cuando terminéis la reunión de feng shui en San Rafael (Mendoza), a través de las provincias de San Juan y La Rioja, hacia el norte, llegaréis a Catamarca y una vez allí, os reunís con nuestro amigo Sergio Sargentoní, que os esperará para acompañaros hasta Las Cataratas de Iguazú, en Misiones. Pasaréis por Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Corrientes y por fin, llegaréis a Misiones. Luego regresaréis con Sergio a Catamarca. Un viaje de cerca de cuatro mil kilómetros os espera.

Roberto meditó un momento y mirándome continuó hablando.

-    Los guaraníes, eran tan espirituales, que no necesitaban de ningún templo, ni de ninguna construcción para rezar. Opinaban que los dioses de la naturaleza, habitaban dentro de  ellos. Sus construcciones eran  chozas de materiales naturales que se desintegraban en la selva, por eso no quedaron restos de sus edificios. Si la dama negra de ajedrez, realmente está entre ruinas, estará en una de las construcciones de los jesuitas, en alguna de sus misiones.

Roberto, animándonos a Arián y a mí, comentó.

-    Disfrutaréis tanto de los paisajes, así como de la fauna y flora de las provincias por las que vais a pasar, que a pesar de los casi cuatro mil kilómetros, el viaje se os hará muy corto, tanto en la distancia como en el tiempo. Así que ya sabéis ¡a disfrutar!

Casi un año después de esta conversación,  me encontraba en Córdoba, había llegado antes que Arián. Esperaba a mi joven amiga en una famosa cafetería de la docta ciudad, muy cerca de la casa de Norma, hermana de Roberto, cuya formidable hospitalidad, siempre estará grabada en mi corazón. Aún no había tomado mi café, cuando llegó Arián, aún era casi una adolescente y abrazándome gritó.

-    ¡¡¡ Rafutissssssssss!!!

Yo respondí.

-    ¡¡¡  Arianidussssssssssssssssss!!!

Apreciados lectores, allí dónde leáis la palabra café, debéis sentiros invitados, ya veis que no olvido las buenas costumbres.
Quiero agradecer a los amigos del pintoresco pueblo de Alanís, la inclusión de un relato mío en la revista de su simpática feria. Ya sabéis que para cualquier otra actividad ajedrecística, podéis contar conmigo. Me ofrezco voluntario para lo que queráis. Disfruté mucho con vosotros comentando partidas.
Descansando bajo el milenario algarrobo de Tilcara
También agradezco a mi amiga Alejandra, de Mar del Plata (Buenos Aires), sus acertados y constructivos comentarios sobre las tonterías que escribo; y por el interés con que las lee.

“El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene” (Víctor Hugo).

“El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor” (José Ortega y Gasset).

“Siempre que puedo viajo, cuando tengo ganas escribo; espero que un día, o bien mis pasos, o bien mis letras, me digan quién soy” (Pido disculpas para el autor de esta frase).

Hacía casi un año que no nos veíamos, por eso el reencuentro fue muy emotivo. A los lazos tejidos por nuestra  buena amistad, también se unía la circunstancia de hallarnos muy lejos de España. Charlamos de muchas cosas, con la alegría y rapidez características de quienes tienen mucho que contarse. Daba la impresión que también Arián, fuese natural de Andalucía; hablaba y gesticulaba sin parar, como un torbellino de comunicación.

Poco tiempo tardamos en ponernos al día de lo ocurrido en nuestras vidas.

Después de pedir dos cafés con sendos alfajores rellenos de dulce de leche (en Argentina los alfajores son tortitas de harina de maíz), comenzamos a concretar el viaje con Sergio a las Cataratas del Iguazú.

Las ponencias sobre los temas relacionados con el naturismo, comenzarían el primer fin de semana del mes de Julio del año que corría (dos mil dos), y acabarían en un día significativo para mí, el ocho de Agosto del mismo año, coincidiendo con mi cumpleaños.

Cuando finalizaran las jornadas, nos encontraríamos en San Fernando del Valle, capital de Catamarca, la ciudad desde la cual; iniciaríamos con Sergio nuestra particular expedición. Atravesaríamos todo el norte de Argentina desde el oeste, hasta el este.

Como era martes y no comenzaríamos hasta el sábado, aún disponíamos de unos días para conocer Córdoba y disfrutar de la entrañable hospitalidad de Norma y sus hijos. Esta familia siempre tendrá una parcela en los terrenos de mi pobre corazón.

Todo sucedió más o menos como habíamos previsto. Aprendimos muchas cosas, tanto de las distintas disciplinas a tratar, como de la idiosincrasia y costumbres de los habitantes que pueblan tan inmenso país.

La primera reunión comenzó en Miramar, cerca de la laguna de Mar Chiquita (Córdoba); el único lugar de Argentina, donde se puede admirar una puesta de sol sobre el agua. La segunda en San Rafael (Mendoza), precioso pueblo donde nos invitaron a visitar los Gigantes Rocosos, enormes piedras de impactantes tonalidades de color. Los juguetones ríos, Diamante y Atuel, acarician con acuosas cabriolas los enormes pies de estos pétreos monstruos. La tercera y última, fue en San Fernando del Valle (Catamarca), sus extensos bosques de cardones; produjo un auténtico gozo para nuestros ojos.

Contemplar estos bellos caprichos naturales, era para nosotros un regalo divino de la diosa naturaleza. En estos mágicos y emblemáticos lugares, se desarrollaron todas las actividades.

Disculparme los que aún estéis leyendo por desviarme del tema central de lo que quiero narrar. Mis recuerdos inevitablemente han evocado estos inefables parajes. Más tarde tuve ocasión de conocer más milagros de la naturaleza. Incluso estuve perdido durante dos días en una selva de Misiones, pero esa experiencia es muy larga de contar; quizás lo haga cuando los latidos de mi corazón vayan disminuyendo en ritmo y potencia.

Una extraña combinación de sensaciones sacudía mi alma. Por un lado quería que las reuniones terminasen cuanto antes, pues deseaba ardientemente llegar lo más rápido posible a Misiones, y por otro lado, al finalizar las concentraciones, tendría que despedirme de muchos compañeros que quizás no volvería a ver y esto unido a lo que aprendía con las ponencias; me producía una profunda tristeza. 
Arián y yo con los amigos de San Salvador de Jujuy, poco antes del concierto
Como todo tiene un fin, llegó la hora de la clausura. Todos los participantes estábamos congregados en el amplísimo patio de la casa de Sergio en San Fernando del Valle, sentados sobre anchos y largos listones de madera que hacían las veces de asientos. Las mesas  eran filas de tablas improvisadas sobre fuertes taburetes. A pesar del rústico aspecto de los asientos y de las mesas, todos nos sentíamos muy cómodos; no en vano mi amigo Sergio, es constructor de estructuras de maderas. Él mismo construyó su acogedora casa.

De pronto, creo que un ángel pasó por delante de todos. El silencio que se produjo, casi me asustaba. Segundos después, Sergio con una inmensa tarta de chocolate, cruzaba el patio dirigiéndose hacia mí.

Pasarán los años, pero el tiempo no  podrá borrar de mi memoria este emotivo recuerdo. Jamás olvidaré como más de cuarenta personas, en una ciudad muy lejos de mi recordada y querida Algeciras; entonaban en mi honor, el cumpleaños feliz. Soy incapaz de expresar la emoción y la gratitud que ahogaban mi corazón. No recuerdo si apagué las velas con el aire de mis pulmones, o con las lágrimas de mis ojos.

Tras la celebración nos despedimos de  los compañeros y pasamos  unos días con la generosa familia de Sergio. Recuerdo que la misma noche de mi cumpleaños, cuando acabamos de cenar, salimos  un rato al porche de la casa.

A pesar de que allí era invierno, la agradable temperatura de la noche invitaba a ver las estrellas y tomar mate al aire fresco. La luna estaba llena y esparcía su luminosidad por todo el patio. El límpido cielo de Catamarca facilitaba que las estrellas pudieran verse con magnífica nitidez y brillaban como inmensas ascuas de  fuego de rutilantes y diamantinos destellos.

Nos retiramos tarde a dormir. Las horas con Sergio, con Estela su esposa y con sus hijos, Berny y Paula; pasaban con rapidez, como transcurre todo lo  que nos resulta muy agradable. Permanecimos bastante tiempo conversando y contando chistes sobre argentinos y españoles y llegamos a la conclusión que tanto ellos como nosotros, somos iguales de brutos.

En efecto, aquel día fue vivido con mucha intensidad.

Esa noche me retiré a dormir con un placentero cansancio. Mi amigo Berny compartió el dormitorio conmigo. En mitad de las dos camas, una ventana circular de ingenioso cierre en correderas, permitía el paso del resplandor lunar a través de los cristales. Al trasluz se podían divisar las estilizadas siluetas de  los numerosos árboles que rodeaban la casa. Sobre la base inferior del curvilíneo marco de la ventana, me pareció ver una figurita muy parecida a la dama negra de ajedrez (que yo intentaría encontrar a ultranza), pero sólo era un juguete de cuando Berny era niño.

Pronto quedé profundamente dormido, pero antes del amanecer, me desperté lleno de inquietud. Tuve una fantasmagórica pesadilla, aunque no podría asegurar si realmente había sido un delirante sueño o una enigmática realidad.

Me pareció que la ventana del dormitorio, se desplazaba lentamente produciendo un leve sonido sobre los raíles por los que se deslizaba. Me levanté de la cama para cerrarla, pero no podía cerrar lo que ya estaba cerrado herméticamente.

A esas horas de la madrugada, la luna alumbraba como si de una gigantesca y esférica lámpara se tratase. Las tenues sombras de las cortinas se proyectaban sobre la blanca pared que se encontraba a poco más de un metro de mis pies. Podía ver con claridad los oscuros trazos que el resplandor de nuestro satélite natural, emitía sobre el tabique. Los rayos lunares, atravesaban la superficie de la ondulante cortina y yo me preguntaba cómo era posible, que estando cerrada la ventana, se moviesen unas colgadas telas de lino; porque dentro de la habitación, nada ejercía fuerza sobre ellas. Podría afirmar que al mismo tiempo que me planteaba esa pregunta, oía como si fuese un lejano lamento, el silbido del viento que se filtraba entre las hojas de los esbeltos lapachos.

Tenía la impresión que la luna quería distraerme con un siniestro espectáculo. Me pareció que ésta, deseaba invitarme a una función de misteriosas sombras chinescas. Por más que me esforzaba, no podía apartar la mirada del improvisado y plano escenario

Las sombras de las cortinas, comenzaron a ondular con mayor celeridad; parecían diminutas olas que se acercaban a la blanca y lisa orilla de un mar vertical. Tampoco podría precisar cuánto tiempo permanecí observando esos  sinuosos, móviles y grisáceos surcos; pero pude observar con claridad que éstos, cambiaban lentamente de forma.
Cerro de los Siete Colores, Purmamarca
De repente, el miedo me invadió y me atenazó por completo. Resultaba imposible levantarme de la cama, algo me lo impedía. Sentí que no podía desviar la mirada. Quedé inmovilizado y no podía hacer otra cosa que seguir mirando la pared. Era como si hubiera observado a la mitológica Medusa y ésta con su maligna mirada, me petrificara.

La luna continuaba proyectando más sombras. Intenté aguzar la vista para interpretar lo que esos haces negros, dibujaban ante mi absorta mirada. Repentinamente, sin emitir ningún sonido; la ventana se abrió. Un gélido viento enfriaba la habitación y las sombras de las cortinas desaparecieron dejando ante mí la blancura de la pared que semejaba ahora una pequeña pantalla de cine.

Quise saber cómo estaba Berny, quería protegerlo como a mí mismo; pero ese algo, continuaba impidiendo que me moviera. Sólo podía seguir mirando a la misma superficie plana y vertical que se elevaba a mis pies.

Nuevos e inquietantes trazos negros volvieron a ser proyectados. Entré en una especie de febril trance. Todo mi cuerpo vibraba, mi mente y mi alma se estremecían como si hubiesen sido sacudidas por una potente e invasora descarga eléctrica. Intentaba calmarme, procuraba controlar la respiración; pero estaba esclavizado a asistir con la mirada a otra espeluznante función de sombrías imágenes.

Ante mis ojos aparecieron sombras muy finas que salientes de una femenina cabeza, danzaban alborotadas por el viento. ¡Sí! los cabellos de una mujer, se mecían al antojo del dios Eolo. Transcurridos unos segundos (que me parecieron siglos), totalmente aterrado, pude oír una conocida voz que decía:

-    Cuando lleguéis a San Ignacio, tenéis que buscar la dama negra de ajedrez entre las ruinas.

Tan pronto como cesó la imperativa voz, todo quedó en calma y un sepulcral silencio reinaba en el dormitorio. Las sombras desaparecieron, ya no hacía frío y por fin pude moverme. Miré hacia Berny y éste dormía plácidamente. Me levanté pues no tenía sueño ni ganas de seguir descansando. Miré hacia la ventana y observé que seguía cerrada con igual hermetismo. A través de los cristales miré a la luna que seguía brillando con fuerza y oculta detrás de los lapachos, parecía un redondo espejo roto, cuyos relucientes cristales comenzaban a descender del cielo.

Nunca sabré con certeza si todo había una pesadilla, pero sí estaba seguro que lo ocurrido, tenía relación con el sueño del barco. También estaba convencido que cuando llegáramos a San Ignacio, intentaría hallar la dama negra de ajedrez entre las ruinas.

Me vestí y salí a la cocina, resultaba extraño que hubiera algo de luz en ella. Al abrir la puerta, otra vez quedé  preso del pánico. De espaldas a mí, una mujer de morenos y largos cabellos, estaba reclinada sobre la mesa. Se me erizó el vello de todo el cuerpo. La mujer se giró para verme y pude contemplar que también ella se  sobresaltó. Ambos nos miramos con miedo y de pronto los dos cambiamos de actitud y lanzando un gran suspiro, nos alegramos de volver a vernos. Se trataba de mi buena amiga Arián que estaba tomando mate. Me alegré más que si hubiese estado un siglo sin verla.

También ella tuvo una pesadilla. Me preguntó si me había ocurrido lo mismo. Le  comenté que no sabía si era un sueño lo que yo había tenido. Al contarle mi experiencia, me dijo que lo de ella había sido algo muy parecido. Me explicó que desde la ventana de su dormitorio, una voz de mujer, le decía:

-    Ayuda a tu amigo a buscar entre las ruinas de San Ignacio.

Arián me paso el mate que me supo muy bueno y reconfortante. Meditó un momento y dijo:
Con Marcelo y las dos Pamelas en Perico
-     Rafutis,  como no podía seguir durmiendo, he estado haciendo una lista de cosas que me gustaría hacer antes de partir hacia Misiones. Te leo lo que he escrito.

Mañana saldremos para la provincia de Jujuy. Conoceremos a los sobrinos de Roberto, Hugo, Marcelo y Pamela, que viven en Perico. Veremos el milenario algarrobo en Tilcara, el Cerro de los Siete Colores en Purmamarca, la quebrada de Humahuaca y con el resto de familiares de Roberto, asistiremos a un concierto de Tomás Lipán en San Salvador de Jujuy. ¿Qué te parece?

Pensativo pero  contento, respondí:

-    Me parece estupendo. Para eso hemos venido; para conocer personas y lugares; pero pasados tres días, al menos yo regresaré. Iré con Sergio a Misiones aunque sea lo último que haga.

Me levanté de la mesa y me dispuse a hacer café. La voz de Arián cargada con algo de enojo, sonó detrás de mí.

-    Yo también iré a Misiones, aunque sea lo último que haga. Tengo que ayudarte a encontrar la dama negra.

Me volví hacia mi compañera y deposité un fraternal beso sobre su cabeza.

Al día siguiente salimos para la provincia de Jujuy. Las enriquecedoras experiencias vividas en esta tierra, forman ya parte del querido museo de mis recuerdos. Tres días después regresamos a San Fernando del Valle y nos reunimos de nuevo con la familia de Sergio.

Pronto comenzaría lo que más deseaba. Pero esa noche antes de dormir, salí al patio, busqué en el límpido cielo catamarqueño a la luna. La observé unos instantes como si tratara de hablar con ella; le rogué que fuera benévola con nosotros. Me despedí deseándole buenas noches a nuestro cercano astro y mientras me dirigía al dormitorio; suspiré con alivio. La siempre misteriosa luna, ya estaba en fase de cuarto menguante.


Estimados amigos, allí donde leáis las palabras, mate o café, como siempre, sentíos invitados.

Ya sabéis los que me conocéis de hace tiempo, que Agosto es un mes en el que  procuro no escribir y si lo hago, o bien tiro o bien quemo el papel donde haya escrito. Así pues, como no voy a tirar el ordenador ni lo voy a quemar; me despido hasta septiembre. Deseo que paséis un feliz verano.

Que el sol nos sea benigno a todos y en sus rayos podamos colgar nuestras ilusiones para que germinen cuando lleguen a nuestro planeta.

FELICIDADES PARA TODOS

Por cierto, quiero terminar contando algo que me llama mucho la atención. Os  aseguro y os doy mi palabra de honor que es totalmente real. Arián que es de Madrid, vive ahora en Alicante, la familia de Sergio: Estela, Berny y Paula; que como sabéis, vivían en Argentina, también viven en la actualidad en Alicante. Supongo que no es necesario deciros el placer que me producirá verlos dentro de muy poquito tiempo.
Entre mi amigo Martín y yo, Tomás Lipán, cantautor y poeta Aimara, San Salvador de Jujuy
Mientras caminaba para ir al dormitorio, recordé la antigua leyenda china según la cual, la luna era aún más cálida que el sol y abrasaba a los humanos con sus calurosos rayos. Para liberarnos de este sufrimiento, un valiente héroe de descomunal fuerza, subió a la cima de una elevadísima montaña y arrojó al rostro visible del satélite un puñado de arena; cuando ésta se quemó, a la luna le salieron cicatrices muy profundas, que no son otra cosa que las sombras y surcos que hoy conocemos. Dolorida se alejó y dejó de calentar con tanta fuerza.

Pero esa noche, yo la sentía más como una amiga que quería comunicarme interesantes secretos, que como una enemiga que intentara asustarme. Me sentía muy contento ¡por fin mañana saldríamos para Misiones! Volví de nuevo la cara hacia la diosa Selene, y solidario por sus cicatrices, lancé un tierno beso a su humillado rostro.

Tarareando entré en la casa de Sergio; aún resonaba en mis oídos la fuerte y poética voz de Tomás Lipán y yo con suma torpeza interpretaba la popular canción, Mi Luna Cautiva. Al llegar al umbral de la puerta, para no molestar si dormían, guardé silencio. El ancho y corto pasillo, estaba en penumbra y al fondo, la luz de la cocina permanecía encendida. Una música de flauta de mimby se oía al fondo. Para mi tranquilidad, se trataba del disco que Arián y yo habíamos escuchado en casa de Roberto. Mi compañera se lo trajo y lo escuchaba con Sergio. Ambos me esperaban para hablar del viaje y tomar el último mate antes de dormir. Sonriendo, la madrileña me comentaba que acababa de comprender la razón de que mis amigos me tuvieran prohibido cantar. Sergio con un mapa ante sí, decía que tardaríamos unos cuatro días en llegar a Iguazú, pues había durante el trayecto muchos lugares interesantes que deberíamos conocer. Lleno de gratitud tomé el mate que me pasaban.

Para mi sorpresa, un repentino viento surgió de la nada, pues antes de entrar, la noche estaba muy tranquila. La ventana de la cocina se abrió dejando volar las blancas cortinas que como pequeñas velas de una estática carabela, se agitaban paralelas al suelo. Me encontraba frente a la ventana, fui a cerrarla y me pareció ver que una extraña silueta desaparecía en dirección a los dos columpios contiguos del patio. No pude comprender que fuera todo estuviese en calma y en cambio la ventana parecía tener vida propia, como donada por un enigmático aliento. Me senté junto a mis amigos y charlamos un rato antes de despedirnos.

Deseaba que Sergio supiera que Arián y yo, tuvimos un extraño sueño la noche antes de nuestro viaje a Jujuy. Nuestro hospitalario amigo, es un gran conocedor de temas relacionados con la cosmobiología, pues lleva muchos años estudiándola y practicándola. Le puse al corriente de todo, así podría ayudarme mejor. Sergio escuchaba con gran atención y en su mirada pude observar que me comprendía perfectamente, lo cual me tranquilizaba. Entre los tres mantuvimos la siguiente conversación.

Arián- ¿Sergio por qué crees que yo también he soñado o he oído a esa misma mujer de la que habla Rafa? La verdad es que ni él ni yo, sabemos con certeza si fue un sueño.
En algún lugar de Santiago del Estero, descansando y tomando mate
Sergio- Disculpad que me ría pero vosotros discutís tanto porque en realidad tenéis muchas cosas en común. Hay veces que las personas estando en el otro plano, esperamos que surja un momento oportuno. Quizás ese momento para esa mujer, es éste, porque ahora estáis los dos aquí. Por otro lado es lógico que si tú y Rafa, vais a viajar juntos hasta Misiones, entre los dos tendréis más oportunidades de encontrar esa pieza de ajedrez.

Rafa- Tú también vienes con nosotros, ¿es posible que esa desconcertante mujer (me resisto a creer que sea del otro plano), también a ti te involucre en esta historia?

Sergio- Cuando esa mujer (estoy convencido que es del otro plano), lo crea conveniente; me hará sentir su presencia y me hará participar. Desde ahora os aconsejo que pase lo que pase, no os asustéis. Todo lo que ocurra sobre la comunicación, sea del plano que sea, debemos de aceptarlo como algo natural; algo que de vez en cuando sucede sin explicación aparente.

Arián- Intuyo que lo que Rafa y yo tengamos que hacer, no acabará en Argentina. Ese sueño que él tiene en el puerto de Algeciras, sitúa a su pueblo como un nexo o como un eje comunicativo. Tengo la sensación que esta misión (que seguro la resolveremos entre los tres), tiene mucho que ver con las dos orillas del Atlántico. No conozco a nadie que ame tan profundamente el ajedrez como el cabezota del Rafa, él tiene la culpa de todo esto.

Reímos y tomando mate, continuamos charlando.

Rafa- Lanzaré una pregunta, por favor responderla como queráis. Supongamos que esa mujer nos ha elegido para que realicemos algo que ella no puede hacer desde el otro plano, por carecer de la parte física. ¿Por qué no nos dice de forma clara y concisa., dónde, cuándo y cómo, quiere que hagamos lo que ella desea?, ¿no sería de esta forma, más fácil para todos?

Arián- Siempre te excedes en todo Rafa, has hecho dos preguntas en vez de una. Estoy convencida que esa mujer, conforme pasen los días, nos irá aportando nuevos datos. Creo que las cosas del otro plano (no sé por qué razón), nos son reveladas lentamente, quizás porque no estamos preparados para asimilarlas con naturalidad y rapidez.

Sergio- Supongo que todo en el universo, va evolucionando y el ser humano (a pesar de las barbaridades que hace), está sujeto a las leyes naturales de la evolución. Desde este punto de vista, para que estemos alertas e intentemos usar la emoción y la mente; las cuestiones del otro plano, casi nunca son transmitidas sin que nos esforcemos por comprenderlas. De la misma manera que un profesor de ajedrez, por ejemplo, propone ejercicios a sus alumnos, para incentivar el desarrollo de las ideas ajedrecísticas; así se aprende mejor que si el alumno no tiene necesidad de esforzarse. Si en este plano, son pocas las cosas que nos resultan obvias, en el otro debe suceder lo mismo.

Rafa- Estoy de acuerdo con vuestro planteamiento, pero ahora me surge otra duda, y es la siguiente; ¿para esa mujer es más importante nuestro desarrollo evolutivo, o que consigamos encontrar esa pieza de ajedrez? Y también me preocupa otra cuestión; ¿en el caso que encontremos la dama negra, qué tendremos que hacer con ella?

Arián- ¡Rafa para, descansa un momento! deja que los acontecimientos vayan transcurriendo. Ya iremos resolviendo todos los interrogantes conforme vayan sucediendo. ¿Merece la pena preocuparse por lo que ni siquiera sabemos si va a ocurrir?

Sergio- Estoy de acuerdo con Arián, estemos atentos sin preocuparnos; incluso si es posible, disfrutemos como si estuviéramos resolviendo un complejo e interesante problema de ajedrez. Esto es como una partida cuyo objetivo, no es dar jaque mate al rey, sino encontrar una dama.

Rafa- Me habéis convencido, lleváis razón; intentaré relajarme y no preocuparme demasiado porque además de ingrata, es inútil la preocupación. Lo malo es que no gano para sobresaltos.
Contemplando el horizonte desde las ramas, San Fernando del Valle, Catamarca
Sergio- Creo que debemos irnos a dormir e intentar descansar lo mejor posible. Tenemos mucho tiempo y mucho camino por delante para hablar de estas cuestiones. Saldremos mañana después de desayunar.

Antes de retirarme a dormir, miré por la ventana de la cocina, me pareció que algo se movía cerca de los dos columpios del patio. Salí fuera de la casa, me acerqué a los móviles asientos de madera, que estaban quietos a pesar que yo había oído algo parecido a un leve chirrido, como si las cuerdas de las que colgaban hubiesen lanzado al aire un tenso y suspendido suspiro. No se movía nada, la noche nos regalaba una oscura y total tranquilidad. De pronto observé algo que me inquietó, sobre unos de los asientos del columpio, como un diminuto testigo de mi desasosiego, apareció ante mi vista el juguete parecido a la dama negra, con el que Berny jugaba de niño. Me sorprendí porque no era ése el lugar donde debiera estar esa figurita, a menos que hubiese más de una. Decidí recogerla y colocarla sobre la base inferior de la ventana del dormitorio, así de paso comprobaría si la figurita era única de momento.

Me dirigía al dormitorio, cuando me pareció que detrás de mí, una presencia se balanceaba en uno de los columpios, también me pareció oír un suave risa que no sé por qué motivo, me pareció tan familiar como olvidada. Sentía que se me erizaba la piel, nada de lo que ocurría, tenía sentido. Sin saber cómo, me arme de valor, me detuve, me volví sobre mis pasos y recordando las tranquilizadoras palabras de Sergio, miré de nuevo hacia los columpios. Nada se movía, era como si el tiempo y el universo se hubiesen detenido. Observé los árboles y ni siquiera una nerviosa hoja se mecía, la calma era total. Sólo la imaginación o la autosugestión, podían ser los autores de mi anterior percepción de sonido y movimiento. Tomé conciencia que debía descansar, apresuré mis pasos al dormitorio y en el pasillo, una femenina sombra parecía venir hacia mí. Me alarmé, sentí miedo, pero la sombra era de Arián que había recogido su cuaderno de notas de la cocina. Cuando mi amiga sintió mi desconcierto, con amables palabras me dijo.

- Rafutis, duerme de una vez y descansa. Mañana por fin nos pondremos en marcha. ¡Buenas noches! ¡Buenas noches, que descanses Arianidus! Respondí.Berny dormía con envidiable placidez.

Pude comprobar que la impasible figurita, seguía estando en su habitual sitio, como una minúscula centinela que custodiara el dormitorio. Coloqué a su lado la que acababa de hallar en el patio, e inquieto por la inminencia de un largo viaje y pensativo por las recientes percepciones, intenté dormir. Recuerdo que el sueño iba venciendo a mi estado de vigilia y esa sensación, me producía un inusitado placer. Me relajaba respirando profundamente, intentaba que la espiración fuese más prolongada que la inspiración. Lo último que recuerdo es que comparaba el viaje que íbamos a realizar, con el narrado por Julio Verne en su inolvidable novela ”La vuelta al mundo en ochenta días”, pues atravesaríamos todo el norte de Argentina en el mismo sentido que gira la tierra, de oeste a este.

Desperté con renovadas energías y aunque no dormí muchas horas, me sentía exuberante. Aún no había salido el sol y con la tenue luz del alba, decidí dar un paseo por los aledaños de la casa. Todos dormían, me vestí de prisa y salí del dormitorio, pero antes de cruzar la puerta, miré al dúo de idénticas figuritas, y sólo había una de ellas. La que yo situé al lado de la habitual; extrañamente había desaparecido, pero ¿cómo y cuándo desapareció?, ¿dónde estaría ahora? Salí al patio. Una agradable brisa matutina refrescaba mis mejillas ayudándome a despabilar. Pasé delante de los columpios para abrir la verja y salir al campo. Atónito quedé al observar que la figurita que recogí por la noche, estaba ahora en el mismo lugar donde la encontré antes de dormir; sobre el asiento de uno de los columpios. Pensé que si ése era el lugar en el que el muñequito quería estar, que así fuese. Me dirigí a la rústica verja y de nuevo me sentí obligado a mirar a los columpios, aunque no había viento, sólo uno de ellos se movía exactamente igual que si una persona se balanceara, la figurita parecía disfrutar meciéndose con un enigmático vaivén. No quise pensar más, me sentía desbordado, notaba que fuese quién fuese la mujer del otro plano que quería comunicarse con nosotros, cada vez lo hacía con más intensidad.

Paseé un rato para hacer tiempo y desayunar con todos los amigos. No sé bien por qué razón, pero a pesar de todo, me sentía fortalecido. Para contemplar los alrededores y otear el horizonte, como un torpe orangután, trepé por uno de los muchos y fuertes árboles que rodeaban la casa. Poco tiempo después apareció Sergio que me llamaba diciéndome.

- ¡Buenos días, Rafa! Tenemos pan, café, mate, frutas, queso y mantecol para desayunar. ¿Qué te parece?

Contesté que me parecía maravilloso, que bajaba de inmediato.

Sonriendo, Sergio añadió.

- Por cierto, viéndote ahí arriba ya no tengo dudas de dónde descendemos.

Reímos de buenas ganas y yo contesté.

- De momento me conformo con poder descender de este árbol.
Al descender del árbol, pensaba en la ley de gravitación universal y deseaba que Newton estuviese equivocado, pues la caída podría ser de fatales consecuencias para mí. Afortunadamente el instinto de conservación activó los resortes necesarios para que la maquinaria del sentido común, me devolviera ileso al suelo. Mientras caminábamos hacia su casa, Sergio me comentaba que los jesuitas desde hacía varios siglos, sentían mucho respeto por el feng shui y que justo cuando Leibniz trabajaba sobre los números enteros binarios tan importantes en las computadoras actuales; recibió del jesuita Bouvet una copia desde China con una lista de los sesenta y cuatro hexagramas. Mi amigo me explicaba que los hexagramas son como representaciones de muchísimos estados de la naturaleza.

Todo esto ocurría hacia mil seiscientos ochenta y nueve, muchísimo  antes que el hombre inventase el primer ordenador. El sabio universal, Guillermo Leibniz reconoció inmediatamente en los hexagramas otra forma de representaciones binarias de los sesenta y cuatro primeros números enteros, desde el cero al sesenta y tres. Debemos tener en cuenta que según algunos autores, el cero se considera también un número  entero.

Disculpe quien esté leyendo en este momento, que me haya entretenido tanto con este tema sobre números y sobre todo por no haber invitado aún a café; pero me parecía muy interesante lo que Sergio me comentaba. 
Con Arián en las orillas del Paraná
Yo pensaba que sería de gran interés conocer la forma de construir de los jesuitas en armonía con los guaraníes. Decidí observar cuando llegara a las ruinas de San Ignacio, en qué forma con respecto a los puntos cardinales y a la naturaleza en general, estaban orientados sus edificios. Estaba convencido que al igual que ahora hacen muchos arquitectos, respetarían los principios básicos del feng  shui.

Desayunamos todos juntos, estábamos contentos y emocionados y como no somos muy delicados para comer y todos en la familia de Sergio, son buenos cocineros; dimos rápida cuenta de tan exquisitos manjares. La furgoneta de trabajo de Sergio, sería nuestro medio de transporte, un vehículo amplio y cómodo, donde viajaríamos tres personas, algunos bolsos de viaje, una tienda de campaña y los utensilios necesarios para un itinerario tan largo.

Cuando acabamos de desayunar, nos despedimos de Estela, Paula y Berny y con un mate para comenzar el viaje, entramos en la furgoneta. Sergio puso en marcha el motor y  súbitamente me asaltó un extraño pensamiento. Mi amigo, me preguntó qué ocurría; respondí que me disculparan un momento, que me esperasen unos segundos, que había olvidado algo. Salí apresurado de la furgoneta en dirección al columpio, y aunque ni la más mínima brisa soplaba en el patio, el columpio donde estaba la figurita, seguía balanceándose con el mismo ritmo que por la mañana. Cogí la figurita y decidí llevarla conmigo, no me di cuenta en ese momento que no había pedido permiso a Berny, contaba con su aprobación, además el tiempo apremiaba y no quería hacer  esperar a mis compañeros de viaje. Cuando volvía a la furgoneta, me pareció oír unas lejanas y extrañas notas de flauta, me giré para mirar en dirección al columpio; algo se movió rápidamente entre la vegetación. El columpio, como liberado de una misteriosa energía; quedó totalmente inmóvil.

Paulatinamente sentía que estas inauditas sensaciones que estaba experimentando, comenzaban a ser casi familiares para mí, no sabría explicar el motivo, pero quizás sea cierto que a todo terminamos acostumbrándonos. Posiblemente si de alguna forma nos comunicamos con vidas del otro plano, el proceso no sea igual para todos; intuía que alguien (quizás una mujer que conocí en una anterior vida), había elegido en especial para mí, esta forma de proceder. Hay veces que oscilo entre el mundo emocional y el mental en muy poco tiempo, y a veces no sé si pienso o siento. Creo que debido a mi torpeza y confusión, la lentitud era el ritmo que la persona del otro plano; había elegido. Pero yo percibía que en los últimos días, estas enigmáticas experiencias se sucedían con más celeridad.

Al subir a la furgoneta, meditaba sobre cuestiones contrarias entre sí. Recordaba lo que Sergio me comentó sobre Leibniz, y unos minutos antes, mientras caminaba por las ramas del árbol para bajar al suelo, medité acerca de las teorías de Newton. Como sabemos estos dos sabios, se enemistaron con graves acusaciones, porque los dos desarrollaron cada uno por su cuenta temas importantes sobre el cálculo diferencial y los dos lucharon por la paternidad de tan importantes hallazgos. Después se supo con total seguridad, que aunque de distinta forma, llegaron a las mismas conclusiones matemáticas sin que hubiera plagio por ninguna de las dos partes. Sergio también dijo algo referente a ese antiguo país llamado China. Curiosamente esta asiática nación, es la antípoda de Argentina y de alguna manera al menos para los  jesuitas, parecen muy cercanas, pues en ambos estados con sus misiones, armonizaron socialmente con sus habitantes. Pensaba también en la diferencia esencial entre la vida y la muerte con respecto al espíritu humano y por más vueltas que  deba al asunto, no llegaba a una clara conclusión. Intuyo que la naturaleza, nuestra verdadera creadora; de la que todos somos hijos (aunque la dañemos), no entiende de dualidades ni de dificultades y siempre encuentra al menos un camino para realizar milagros. La naturaleza es una vital integradora de todos los aspectos del universo.

 Y  de pronto… no me pude contener, exultante de alegría lancé un alocado grito de liberación y felicidad ¡¡¡ a las cataratas  a  misiones!!!

Mis dos amigos también irradiaban alegría y sus risas atronaban como si se tratase de las carcajadas de dos locos y contentos ogros. El aroma del mate con un poco de café molido y miel que Arián preparaba, aplacó un poco las risas y aguzaba nuestros sentidos; incluso la furgoneta parecía feliz avanzando con buen ritmo por las rectas, despejadas y abolladas carreteras tan típicas en toda Argentina. Como a Sergio le apasiona conducir, Arián y yo nos turnábamos para hacer mate y cambiábamos  de asiento según quisiéramos descansar o admirar tan impresionante paisaje. En realidad durante casi todo el día, permanecíamos en los tres asientos delanteros; de vez en cuando Arián sustituía a Sergio para conducir y aunque era fácil hacerlo con tan fluido tráfico (una vez fuera de la ciudad, apenas veíamos ningún vehículo) y a pesar que tengo permiso para hacerlo, me abstuve.
 A través del parabrisas y de las ventanas laterales, sentía que todo lo que podía abarcar con la vista me embelesaba, tenía la sensación que un universal divertido e incansable mago, hacía encantamientos con todos los elementos naturales que veía. El colorido de la vegetación, era tan intenso como variado, imaginaba que un cósmico malabarista, hubiera lanzado a los cuatros vientos la paleta de un divino y loco pintor y los colores hubiesen caído justo en las hojas y las flores de toda de la flora que nos estaba maravillando.

Siempre que entre nosotros se producía un espacio de silencio, era porque intentábamos  concentrarnos  para disfrutar de cada instante del presente; pasado y futuro sólo eran las dos márgenes del río vital por el que ahora circulábamos. Tan pronto cantábamos, conversábamos o callábamos y no eran más que tres formas distintas de manifestar la intensa emoción que compartíamos. La alegría era de tal magnitud que mis amigos no reparaban en lo mal que canto. Incluso la figurita parecida a la dama negra de ajedrez que recogí por la mañana y que coloqué delante de mí en la guantera de la furgoneta; parecía viajar muy feliz.

La gris y mal cuidada carretera, siempre parecía converger en un perdido y alejado punto del espectacular horizonte. Atrás quedaba Catamarca y atravesábamos la vecina provincia de Santiago del Estero. Habíamos decidido parar en la próxima gasolinera, para descansar un poco y tomar café.

(Aprovecho para invitar a la amable lectora o lector, que en este momento esté leyendo).

Los plumajes de la  enorme diversidad de aves de esta nueva provincia, esmaltaban con múltiples tonalidades cromáticas tanto los árboles que íbamos dejando detrás, como el cristal del cielo que nos protegía. Asombrados observábamos acá y allá a ambos lados de la carretera, la rica variedad de la fauna y flora de las charcas o esteros que dan nombre a esta norteña provincia. Las flotantes islas vegetales llamadas camalotes, parecían navegar cargadas de vida hacia una azarosa deriva. Los caranchos dominaban los espacios aéreos y de cuando en cuando al bajar de las bien oxigenadas alturas, parecían tripular las balsas construidas por estas gramíneas plantas. Todo era vida y belleza a nuestro alrededor.

El reparto de tareas a realizar era muy sencillo y divertido, un día nos tocaba a uno de los tres, hacer la comida cuando acampáramos, a otro fregar todos los utensilios necesarios para tal efecto y al otro le correspondía hacer lo que le diera la gana.

Un deteriorado letrero, casi ilegible por la acción de la intemperie; nos indicaba que faltaban  pocos kilómetros para llegar a una gasolinera. Cuando llegamos al amplio terreno que ocupaba la gasolinera, llenamos el depósito de la furgoneta y paseamos con tranquilidad para estirar las piernas y sin prisas buscamos la cafetería. Sentados ante tres tazas de café y el mismo número de alfajores de maíz, recuerdo que más o menos tuvimos esta conversación.
¡ Por fin llegamos a Misiones !
Arián- Rafutis me llamó la atención que esta mañana, salieras de la furgoneta y te volvieras para recoger esa figurita, ¿por qué razón te la has traído?

Rafa- Pues la verdad es que no lo puedo explicar de forma razonable. Simplemente en el último momento, intuí que nos ayudaría de alguna manera a encontrar la dama de ajedrez. Pero repito que sólo es una intuición, de todas formas será como una especie de mascota para mí. Espero que no os disguste que la haya traído.

Arián- Está bien que viaje con nosotros, me gusta más la cara de esa figura que las vuestras, que sois dos feos de campeonato.

Sergio y yo reímos de buenas ganas y como entre él y yo teníamos la complicidad amistosa de resaltar el acento madrileño de Arián, mirándola le contestamos los dos a la vez.

-“Essssta   niña   essssssssss   demassssssssssiado para nossssssssotrosssss”.

Nuestra joven amiga, nos miró y no tuvo más remedio que unirse a nuestras carcajadas. Pero como la conversación iniciada tenía cierta seriedad, decidimos calmarnos para continuarla.

Sergio- Creo que esa intuición que tuviste en el último momento, quizás sea una orden de tu  inconsciente. Creo que trajiste la figurita porque de alguna manera sabes, que mediante determinados objetos que han pertenecido o han usado las personas que ya no viven es nuestro mismo plano; se comunican mejor con nosotros. Es decir que la figurita hace las veces de un extraño transmisor, esto es debido a que la energía de la persona del otro plano, aún permanece en ese objeto y a través de esa energía la comunicación es más fluida.

Rafa- No sé nada de estas cuestiones esotéricas, ni de extrañas comunicaciones, ni de enigmáticos transmisores; sólo sé que esta mañana, sin motivos aparentes sentí una necesidad imperiosa de recoger la figurita; eso es todo. Pero me alegro saber que puede ser útil para comunicarnos con el otro plano, porque cuanto antes encontremos esa pieza de ajedrez, mejor será. Hace ya días que algunas cosas  que veo  y que  oigo, no me parecen normales y sé que no van a ceder hasta que en las ruinas jesuitas de San Ignacio, hallemos esa dama negra.

Arián- Mejor será que nos acostumbremos, a sentir esas percepciones como normales, porque también a mí me suceden cosas extrañas. Esta noche he soñado que paseaba por el patio de la casa de Sergio y una mujer parecida a una indígena de no sé qué lugar (creo que es guaraní), mientras se balanceaba en el columpio, me decía.

-De nuevo te pido que ayudes a tu amigo, mientras visitéis las ruinas, no te apartes de su lado.

Después de decirme esto, desapareció de pronto entre las plantas que hacen de valla. Esta mañana cuando he visto que Rafa, miraba extrañado hacia esa misma dirección, comprendí que esa mujer, de alguna forma seguía estando en el mismo lugar que en mi sueño.

Acaricié la cabeza de Arián, agradeciendo su entereza y su ayuda y le pedí perdón. Me sentía culpable de lo que estaba pasando.

Sergio- Pienso que esta experiencia debemos vivirla disfrutándola, no debemos temer nada. Nada malo puede ocurrir, es algo que debemos  hacer  y puesto que hemos de hallar algo que está oculto por ahora, lo mejor es hacerlo con buen ánimo. Así que gocemos del viaje y brindemos por nosotros.

Rafa- Creo que es lo mejor que podemos hacer, disfrutar de la buena compañía, y de este viaje en plena naturaleza. Por mi parte haré todo lo posible para que así sea, además es muy fácil conseguirlo; la alegría que me produce compartir este viaje con vosotros; es una constante en mí.

Sonriendo terminé diciendo.

-  Quiero que sepáis que prefiero alterarme debido a la felicidad, que por problemas de agateofobia.
Arián y yo en el Museo Geológico de Tucumán
Arián- ¡Vaya palabreja! ¡Qué te gusta decir palabras de ese tipo! ¿Ahora querrás que te pregunte por su significado no?

Los tres reímos y de puro contagio, no podíamos parar. Cosas tan simples como éstas, conseguían que riéramos con auténticas ganas. ¡Qué poco cuesta reír y que poco ríe la humanidad!

-  Vamos Rafutis ¿qué es la agateofobia?

Rafa- Pues no es otra cosa que el miedo o la fobia a volverse loco.

Arián- Me alegro por ti, porque como ya estás loco de remate, ¿para qué te vas a preocupar?

Riendo y retomando el brindis que Sergio había propuesto, chocamos las tres tazas de café, lo tomamos y con renovadas energías salimos de la cafetería.

Es muy frecuente en Argentina que tanto el agua caliente como fría de las máquinas expendedoras, sea totalmente gratis; por esta razón es muy sencillo y cómodo recargar el  termo con agua caliente para el mate y eso hicimos antes de continuar nuestra ruta. Sergio puso en marcha el motor y pudimos observar cómo un tero, defensor de su terrestre nido, se puso en guardia como amenazando y advirtiendo que nos picaría si invadíamos la parcela que le pertenecía y que estaba dentro de una huerta contigua a la gasolinera. Nuestro amigo nos explicó que muchos hortelanos tenían estas aves en sus huertas, pues se alimentan de varias especies de animalitos que devoran muchas verduras. En particular este tero, se me antojaba como un ejemplar nacido para ser un verdadero centinela de hortalizas.

Continuamos el viaje y  unas horas más tarde, las nubes lentamente ocultaban el sol, la luminosidad disminuía por momentos, la lluvia avisaba de su inminente presencia con pequeñas gotas de agua que salpicaban el parabrisas. Decidimos aminorar la velocidad de la furgoneta y partir que pasaran tres horas, si todo transcurría con normalidad, buscaríamos un hotel o algo semejante para pasar aquella primera noche del viaje.

Un insistente y frío viento silbaba al entrar por la ventanilla que preferimos dejar sin cerrar totalmente. El parabrisas se empañaba con vaho, pero la habilidad y la pericia de Sergio sobre el conocimiento de su furgoneta, hacían que el vaho se difuminara. El ambiente era propicio para las confidencias, los tres sentíamos que todos meditábamos, que navegábamos por nuestra mente la cual se extendía en nuestro interior como si de un  mar de pensamientos se tratase. Callados y absortos en nosotros mismos, avanzábamos, los kilómetros se sucedían casi al compás que nuestras meditaciones. Pero sabíamos que no estábamos  tristes, más bien concentrados, casi en actitud de recogimiento para reflexionar mejor. Incluso la figurita desde su improvisado asiento de la guantera, parecía discurrir intensamente.

Las nubes pasaban como ovejas de grisáceas lanas por las frías praderas del cielo. Cuando tan etéreo rebaño desapareció, el sol continuó imperando por las celestiales dimensiones. De pronto todo volvió a relucir y ante nosotros un magnífico arco iris doble,  abarcaba con sus colores todo lo que alcanzábamos con la mirada.

No sé cuánto tiempo permanecimos inmersos en nuestros pensamientos, pero cuando la luz regresó advirtiendo a los faros de la furgoneta que ya no eran necesarios; no pude mantenerme más tiempo sin hablar y casi como si fuese necesario, dije a mis compañeros.

- Arián, Sergio ¿no os parece que alguien debe romper el silencio aunque sea con una tontería?

Entonces recordé un dicho argentino que dice: si tu palabra no es mejor que tu silencio, ¿para qué lo rompes?

 

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