Dos Cielos y Una Partida (II)

Una vez más, quiero saludar a todos los amigos de esta página. Espero que el verano os haya regalado muchas alegrías.

 Mi hija Sara me ha cuidado muy bien, me ha salvado de las amenazantes olas de la playa y de peligrosos monstruos “piscineros”: cocodrilos, tiburones, dragones y otras feroces criaturas flotantes de plástico. Gracias a ella  sigo vivo, ha sido muy hábil convenciendo a tan temibles enemigos para que no me hicieran daño.

Quiero felicitar a nuestra compañera Amalia Aranaz, por sus buenos resultados deportivos; espero que obtenga muchas victorias en Croacia; pero lo que más le deseo es que siempre consiga el éxito de ser feliz.

Hoy que de nuevo estoy dispuesto a equivocarme muchas veces mientras tecleo, seguiré con el relato que tenemos pendiente. No sé cómo acabará, ni cuántos capítulos necesitará; pero allá voy a golpes de teclado, acercándome al final.

" No pido riquezas, ni amor, ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es el cielo sobre mí y el camino a mis pies" (Robert Louis Stevenson).

 " Prefiero un buen trabajo en equipo, que una victoria en solitario” (Perdonar que esta cita no pertenezca a ningún ilustre personaje).

He vuelto a despertar en Neutralium y al instante consulté el reloj. Me invadía la impaciencia por saludar a nuestra querida Vera Menchik, que se reuniría con nosotros por primera vez a la hora convenida; las nueve de la mañana, la hora del desayuno de nuestro equipo.  Como no soy Cronos, no podía hacer que el tiempo acelerara su monótono ritmo; así que decidí calmarme y esperar lo más tranquilo posible. Lo mejor que se me ocurrió, para distraerme, fue reproducir partidas de nuestra campeona y admirar por enésima vez la sapiencia de tan admirable jugadora. Desarrollé varias partidas de Vera sobre mi inseparable tablero magnético, y a punto estuve de perder la noción del tiempo. Instintivamente volví a mirar  la  hora y con asombro, observé que eran ya las nueve de la mañana; solté el tablero y corriendo me dirigí al comedor.

La distancia que me separaba de mis compañeros de equipo, parecía interminable,y cuando pensé que era la misma de siempre,la distancia desapareció; pues al momento me encontraba saludando a los cuatro magos del tablero. Pero...¿ dónde estaba Vera?, ¿ por qué no estaba con ellos?.

Advirtiendo mi pesadumbre, José Raúl propuso que tomáramos café mientras la esperábamos. Un camarero se nos acercó con amable diligencia, para servirnos tan maravillosa bebida. Con gran habilidad dispuso cinco tazas de aromático café y para sorpresa de todos nos dijo:

- Buenos días tengáis. ? Qué os ocurre que tan nerviosos estáis? ¿esperáis a alguna persona?

La naturalidad del camarero era tal, que su comentario, no nos pareció una impertinencia. José Raúl, con su característica simpatía, le respondió:

- Pues sí, esperamos a una mujer muy especial para nosotros y no sabemos a qué se debe su tardanza; ella es muy puntual.

El camarero, apaciblemente, volvió a tomar la palabra y contestó a José Raúl:

- Si fueseis más observadores; no tendríais que esperar.

José Raúl, algo incómodo, preguntó:

- ¿Podemos saber por qué dice usted eso?

Mientras se quitaba el extraño uniforme que sutilmente le disfrazaba, el camarero sonriendo; contestó a José Raúl:

- Porque yo soy Vera Menchik, la mujer especial que esperáis.

Cuando oímos estas palabras, incrédulos y asombrados, miramos a nuestra compañera y con una sola voz gritamos todos juntos:

- ¡¡¡ Vera !!! ¡¡¡ bienvenida al equipo!!!

La emoción se adueñó de nosotros de tal forma, que cuando tomamos conciencia; los seis componentes del equipo, estábamos unidos en un colectivo y efusivo abrazo.

 Todos a la vez volvimos a gritar:

- ¡¡¡ Te queremos Vera!!!

Manuel con su habitual sentido del humor, comentó que la aparición de nuestra amiga, había sido el mejor gambito de dama que jamás había presenciado. Pablo a su vez, opinaba que era la más maravillosa transformación en dama que había contemplado.

De repente todos sentimos gran apetito y con verdaderas ganas comenzamos a desayunar. Durante el desayuno, hablamos mucho de ajedrez. En especial Vera, José Raúl y Manuel comentaron muchas cosas, porque durante una época, fueron contemporáneos. Era todo un placer oírles hablar. Nuestra amiga y esperada compañera, dirigiéndose a mí me comunicó su agradecimiento por incluirla en el grupo. Insistí en que era yo, quien estaba agradecido que hubiera venido y también le dije que sin ella, no seríamos un verdadero equipo.

 En un preciso momento, mi admirada compañera, me miró adivinando lo que quería preguntarle. Con amabilidad infinita me dijo que después del fatídico bombardeo que le quitó la vida, no sintió odio hacia nadie, que había aceptado lo que el destino le designó; y sentenció con una sonrisa:

- A tus amigos, debes regalarles tu sonrisa y a quienes no lo sean, dales tu silencio; pero nunca dejes que la ira te domine.

Al terminar el desayuno, nos dirigimos a nuestra sala de análisis. Una vez allí, le comunicamos a nuestra campeona que pretendíamos complicar la partida lo más rápido posible, porque nuestras mejores oportunidades, se encontraban en las complejidades del juego táctico.

Nos acercamos todos al tablero común, para ver qué habían contestado los jugadores de Ajedrezum. La tercera jugada del equipo de Mensajerus, consistió en trasladar el alfil desde la casilla (f8) a la de (c5). Ahora como es lógico, nos correspondía a nosotros comunicar nuestra cuarta jugada.

Guillermo y Pablo, se miraron como si ya hubieran decidido el movimiento más conveniente para lanzar un ataque, o al menos comenzar las escaramuzas tácticas. Todos intuíamos lo que estaban pensando los dos genios del ataque, pero fue la sensata Vera, quien dijo:

- Yo también estoy de acuerdo, avancemos el peón de (b2) a ( b4); entremos de lleno en el romántico y eterno gambito Evans y luchemos abiertamente por la victoria.

Manuel y José Raúl, también se mostraron de acuerdo y unánimemente decidimos internarnos en un inextricable laberinto del que ya no podríamos salir; a menos que jugáramos con valor y astucia.

Los días parecían tener menos horas y pasaban más de prisa. La armonía y el compañerismo eran tan agradables que casi nos olvidamos del mundo exterior; pero nunca dejamos de comprender que el encuentro que disputábamos, era muy importante para la humanidad. La partida avanzaba conforme pasaban los días y transcurría de forma sorprendente para nosotros. La tensión casi podía materializarse, era como si ocupase un determinado volumen. Como equipo habíamos decidido, no perder el sentido del humor, conservar la esperanza en la victoria y decidir las mejores jugadas mediante un exhaustivo análisis de cada posición. Todos pensábamos que sin alegría y confianza, la inspiración del equipo no afloraría con plenitud.

Siempre me ha llamado la atención, que cuando los ajedrecistas nos emocionamos, nos volvemos como niños.

Apreciados amigos del planeta Tierra, os aseguro que quienes no sepan nada de ajedrez, no podrían confiar en el inmenso talento de los cinco genios que forman nuestro equipo. De verdad os digo que cuando detectaban una brillante jugada, que nos daba luz para salir del complejo y sinuoso laberinto ajedrecístico en que nos encontramos; la alegría era tal, que contagiados, cantábamos, gritábamos y hasta bailábamos de pura emoción.

Debo confesar que cantar, era algo que Pablo, el melómano del grupo, me lo prohibió terminantemente. Los que no comprendan las pasiones humanas que despiertan una gran partida; nos tomarían por locos de atar.

Amable lectora o lector, quiero aprovechar estos momentos de euforia para invitaros a café desde Neutralium.

El equipo de Ajedrezum, contestó aceptando la entrega de peón y movieron en su cuarta jugada el alfil de la casilla (c5), colocándolo en la de (b4). Entonces aprovechamos el avance del peón de la casilla(c2), para atacar el centro y de paso al alfil que ahora estaba en la casilla (b4); por eso en nuestra quinta jugada, movimos el peón a la casilla (c3). En este momento, eligieron retirar el alfil de la casilla (b4), a la casilla (a5). Cuando vimos la jugada con la que nos respondieron; miramos todos a Manuel, y Guillermo , dirigiéndose a él comentó:

-¡Enhorabuena! , han elegido la defensa del gambito Evans que lleva tu nombre; la defensa Lasker. Me alegra que tu tenacidad defensiva, también sea apreciada fuera de nuestro planeta; eres un auténtico y universal genio Manuel.

Manuel con su inagotable sentido del humor, replicó a Guillermo.

- Si han elegido una defensa que yo había analizado, me alegro por nosotros; porque una defensa ideada por mí, no puede ser buena.

Vera reía de buenas ganas, subrayando la disfrazada modestia del segundo campeón mundial. Todos reíamos al ver lo mal que Manuel disimulaba.

Para los amigos que no estén muy avezados en teoría ajedrecística, comentaré que la defensa Lasker, la elegida por Ajedrezum , se considera en nuestro días como muy sólida y capaz de contener el ataque de las piezas blancas,pero todo esto es muy teórico y aún quedan muchas cosas por investigar.

El orden exacto de la partida hasta ahora es el siguiente : 1 e4 e5 2 Cf3 Cc6 3 Ac4 Ac5 4 b4 Axb4 5 c3 Aa5.

Antes que pasen más días y más jugadas , es momento oportuno de invitar a quién esté leyendo en este momento a otro café.

Debíamos decidir nuestra sexta jugada y durante el desayuno, pude comprobar que el estado de ánimos de todos, era excelente. Tan bueno era el ambiente de equipo, que me resultaba difícil comentar la razón de mi única preocupación. Al tomar el café de rigor, expuse abiertamente lo que pensaba al grupo; y entre todos mantuvimos este diálogo.

Rafael- Admirados compañeros, todos estamos de acuerdo en que la apertura de la partida, es totalmente propicia para nuestros intereses. ¿Cabe la posibilidad que ellos quieran que al jugar confiados, nos excedamos atacando, asumiendo grandes riesgos?. Así por ejemplo dicen que jugaba muchas veces nuestro querido y aquí presente, Manuel.

Manuel- Llevan razón a medias los que piensan así. Pero en todo caso creo que esa treta sólo sirve para una partida individual y no de equipo. En nuestro caso con un pelmazo como éste (Manuel señalaba a José Raúl), la sensatez estará siempre presente. También nuestra amiga Vera, jugó siempre con mucha cautela. Por otro lado, no creo que los del otro equipo, copien dos cosas mías; con un sólo error ya tienen suficiente.

La ironía de Manuel, siempre nos hacía reír.

Pablo - De todas formas, una vez inmersos en este romántico gambito, tenemos que jugar según el espíritu de esta apertura, que no es otro que atacar y volver a atacar. Creo que lo mejor, es mantener el optimismo para que la creatividad fluya de forma natural.

José Raúl - Confío en que los análisis que nos hayan preparado, no sean mejores que los nuestros. Como en esta partida, ningún bando puede disponer de programas informáticos; el enfoque psicológico será muy importante. Creo que en ese aspecto, estamos orientando bien la partida.

 Vera – Supongo que sabéis que hay una anécdota, que pudiera ser cierta sobre el gambito Evans. Se dice que el capitán Evans, jugaba una partida de ajedrez en su barco y su intención una vez planteada la apertura italiana, no era avanzar en su cuarto movimiento el peón a la casilla (b4); pretendía colocarlo de forma más tímida en la de (b3), pero un golpe de mar, movió bruscamente su nave y al no acertar con la casilla (b3), lo dejó definitivamente en la casilla (b4). Me encanta pensar que este brillante sacrificio de peón, fue un regalo de Poseidón. Por otro lado debemos confiar en nuestras posibilidades, tenemos con nosotros a dos de los mejores expertos de todos los tiempos en este gambito: Pablo y Guillermo.

De todas formas, los dioses siempre favorecen a los audaces.

Guillermo - Rafael, espero que no te preocupes mucho, porque una vez que realicemos nuestra sexta jugada,lo más probables es que tengamos que hacer muchos sacrificios de piezas; como diría nuestro amigo Manuel, tenemos que jugar según el espíritu de la apertura. Espero que tu corazón sea fuerte y pueda soportar las fuertes emociones que nos esperan.

No pude contenerme al oír a Guillermo y dije:

Rafael - Claro eso lo dices porque vosotros estáis muertos,y queréis que yo también lo esté muy pronto.

Todos nos reímos porque naturalmente lo que comenté, era solamente una broma, y es que con estos compañeros, no quedaba otro remedio que compartir el reinante sentido del humor.

Al escuchar la anécdota contada por Vera, sobre la invención del gambito Evans; no pude evitar acordarme de una de las bahías más bellas del mundo; la de mi querida Algeciras.

Habíamos terminado de desayunar, nos dirigíamos a la sala de análisis para comunicar a Imparcialius nuestra jugada. ¿Sería cierto el adagio citado por Vera?,¿ayudarían los dioses a los audaces?. No tardaremos en saberlo.
He vuelto a despertar en Neutralium, o quizás he soñado que he despertado. En esta ocasión he querido madrugar, sentía ganas de pasear y conocer los alrededores de nuestra ajedrecística sala de análisis. Salí de Tranquilitum y me dirigí hacia un coqueto lugar que me recordó a la acogedora Plaza Alta, de mi siempre añorada Algeciras.

Trataba de ordenar mis pensamientos, cavilaba pero sólo conseguía esbozar conjeturas sobre el desarrollo de nuestra partida contra Ajedrezum. Llegué a la conclusión que no merecía la pena preocuparse, sino ocuparse en ayudar a mis compañeros todo lo que pudiera.

La llegada de Vera era un aliciente para nuestros ánimos. Necesitábamos su onda femenina; sentíamos que nos acompañaba una amiga, una hermana ; con su presencia todos mejorábamos como personas.

Teníamos que ser consecuentes, jugaríamos con ingenio, valor y decisión y aceptaríamos con astronómica deportividad cualquier resultado posible.

Al acercarme al centro de la plaza, me llevé una grata sorpresa; mis compañeros se encontraban allí, charlando alegres como siempre. En especial José Raúl y Vera, reían mucho recordando las anécdotas y ocurrencias del polifacético y bohemio Tartakower, que tanto contribuyó en la difusión de este apasionante arte llamado ajedrez. Tanto ellos como él, participaron en el torneo internacional de Barcelona, con motivo de la exposición universal de mil novecientos veinte y nueve. Durante este evento ajedrecístico, este poeta del tablero, inventó la tan popular Apertura Catalana.

Nunca insistiré lo suficiente y jamás me cansaré de decir que oír a tan eruditos amigos, era para mí, además de un mar de satisfacciones, un océano de conocimientos.

(Por eso, para tomar fuerzas y poder seguir insistiendo, vuelvo a invitar a café a la amable lectora o lector que en este momento, esté leyendo).

Saludé a mis compañeros con efusividad, y decidimos caminar tranquilamente hacia Tranquilitum para desayunar. Mientras paseábamos, recordé la peripatética filosofía de Aristóteles. Pasear, hablar, oír y aprender de mis admirados genios; vuelvo a insistir: ¡ qué placer!

El sol de Neutralium despertaba con lentitud de su nocturno sueño y se dirigía hacia su cenit acariciando y dorando de luz el somnoliento horizonte. Los integrantes del equipo de Mensajerus, también paseaban por la pintoresca plaza y aprovechamos para saludarlos afable y deportivamente.

Una de las jugadoras de Ajedrezum, sonreía mirando a Pablo y éste con su característica caballerosidad, inclinó la cabeza correspondiendo a tan agradable saludo. Pablo parecía contento y Guillermo bromeando le dijo que se dejara de romanticismos hasta que el encuentro no concluyera, pues sería una partida muy disputada. Este comentario de Guillermo, nos hizo reír a todos y a Pablo más aún.

Nadie advirtió que mientras la sonrisa del artista de Nueva Orleans, se desdibujaba, de sus ojos afloraron chispas de fuego, quizás procedentes del terrible recuerdo de los cañones de la Guerra de Secesión de su país.

Siempre he creído que la sensible personalidad de Pablo, se elevaba con la grandeza del ajedrez y se hundía dramáticamente con las miserias de aquella guerra.

Sí, la partida sería tan explosiva como esos cañones, pero sus consecuencias no serían víctimas humanas, sino fulgores de auténtico arte.

Nos dirigimos con paso algo más rápido al comedor. Vera reía de veras, con las ocurrencias de sus amigos; parecía una entrañable embajadora de la alegría y comentaba que si así era la vida en Neutralium, ¿cómo sería el paraíso de este planeta?

 Desayunamos con verdadero apetito y gran deleite, presentíamos que la partida nos depararía emociones muy intensas y sólo por amor al ajedrez, casi nos despreocupábamos del resultado. Éramos conscientes que el miedo a perder , sólo tendría efectos negativos para nosotros. Mis compañeros sabían mejor que nadie que el verdadero arte, no puede nacer del temor; sino del valor de las sublimes emociones que nos abren los sentidos. El miedo a la derrota no podía ser el mejor camino hacia nuestra victoria.

Terminamos de desayunar ( ¿hace falta que diga que también tomamos café?... nuestro equipo aprovecha este paréntesis, para invitar otra vez a quiénes estén leyendo en este preciso instante ), y nos dirigimos a nuestra sala de análisis.

Pablo y Guillermo se sentaron al lado de las piezas blancas. Vera, Manuel y José Raúl, como es lógico lo hicieron al otro lado del tablero. Nuestro próximo movimiento nos parecía muy claro y apropiado para intentar conseguir ventaja de desarrollo e iniciativa en la apertura ; por eso avanzamos el peón desde la casilla (d2) hasta la más centralizada de (d4) . Por tanto enviamos como sexta jugada (6 d4), abriendo el juego y poniendo en acción cuanto antes los efectivos atacantes del bando blanco. Poco tiempo después recibimos la contestación del equipo de Ajedrezum; (6...exd4), capturaron el peón central que habíamos avanzado recientemente.

La respuesta del equipo de Mensajerus había sido muy rápida, tanto fue así que Manuel con su prodigiosa intuición psicológica propuso, que enviáramos inmediatamente otra jugada con idea de acelerar las contestaciones de nuestros apreciados y respetados antagonistas. Cuanto más acelerada fuese la cadencia de las jugadas, tanto mejor para nosotros, pues nuestra fuerza radicaba en la intuición más que en el frío y árido cálculo. Vera nos miró a todos, era consciente que podíamos obtener un fuerte ataque si jugábamos con precisión. Con voz templada dijo dirigiéndose a Manuel.

-¿Según tus análisis sobre esta apertura, es correcto enrocar ahora?, porque si es así, enroquemos, pongamos el rey en lugar seguro y luego ataquemos con toda nuestra alma.

 Manuel respondió asintiendo.

-No sólo es correcto el enroque sino que además es un bello movimiento, ¿ no te parece? Como diría mi buen amigo Albert Einstein, las soluciones a los misterios que nos plantea el universo, son todas estéticamente sencillas; y por supuesto en ajedrez ocurre lo mismo.

Vera con entusiasmo dijo.

-No sé cómo van a parar el ataque, de todas formas, ¿qué tenemos que perder si ya estamos muertos?

No tuve más remedio que añadir al comentario de Vera, que si yo no estaba muerto, estando con ellos, poco tiempo de vida me quedaba. Añadí también que estaba de acuerdo en aligerar todo lo posible el ritmo de las jugadas, para potenciar nuestra intuición, enfrentándola al eficiente cálculo del otro equipo.

Guillermo sentenció.

-Amigos, nosotros también calcularemos, ya lo creo que lo haremos y usaremos la intuición para dar ese salto cualitativo; para llegar allí donde el cálculo ajedrecístico se pierde ante su propia inmensidad.

Manuel mirando a todos dijo.

- Es decir que jugaremos exactamente igual, que lo hemos hecho siempre.

Al terminar la frase, Manuel realizó un cómico gesto de hombros y todos reíamos de buenas ganas.

 En efecto, nuestro séptimo movimiento fue el enroque corto (7 0-0), casi una hora después, nos respondieron con la jugada (7...Cf6).

Cuando recibimos esta jugada, Manuel se levantó muy contento y dirigiéndose a Pablo y Guillermo, dijo.

-Espero que encontréis la mejor continuación; ese movimiento de caballo no es la jugada óptima de ellos. Antes de enviar nuestra réplica, pido por favor que esperéis que vuelva de fumar este puro. Estoy muy contento de hacerles jugar con rapidez, ahora sí que es peligroso nuestro ataque. Disculpad compañeros que me hayan entrado ganas de fumar; en la próxima vida, prometo dejar este asqueroso vicio.

José Raúl haciendo un gesto de amistosa complicidad a Vera, dijo a Manuel.

-No tardes mucho en “purificarte” y regresa pronto. Sé que sabes cómo incrementar la iniciativa.

Pocos minutos después Guillermo consultaba su reloj de bolsillo, esperando que regresara Manuel, Vera, Pablo y José Raúl; también habían pensado en la jugada que impulsara nuestro ataque; y decidieron responder con la octava jugada (8.Aa3), controlando una importante diagonal que conducía a las cercanías del rey contrario.

Mientras esperábamos a Manuel, Pablo comentaba que estaba impresionado por la habilidad de éste para anticiparse y sacar el mejor partido de cualquier situación y aspecto de la psicología, ya sea humana o extraterrestre.

Estábamos muy contentos e impresionados del acierto de hacer jugar al equipo de Mensajerus, con la rapidez que a nosotros nos convenía.

Manuel regresó con alegría y nos preguntó sobre la jugada que habíamos pensado y cuando le comunicamos el movimiento elegido, estuvo totalmente de acuerdo. Enviamos a Imparcialius la nueva jugada, y volvimos a esperar llenos de emoción. De nuevo una hora más tarde , recibimos la contestación a nuestro octavo movimiento. La jugada recibida fue, (8...Ab6).

José Raúl dijo con sincera admiración a Manuel.

-Eres un brujo, los has hechizado con tu sabio magnetismo, ¡ qué rápidos juegan!

Manuel agradeció a José Raúl su comentario y cuando todos pensaban en nuestra novena jugada, observé con curiosidad a Manuel que en ese momento, estaba como absorto en sus pensamientos ; con la mirada perdida. Sonreía como si hablara con alguien, contuve la respiración para concentrarme mejor y miré en la misma dirección que lo hacía él. Si hablaba con algún etéreo ser, éste debió esfumarse o sencillamente yo no era capaz de ver las mismas cosas que ven los grandes genios.

Al recibir la octava jugada del otro equipo, nos concentramos todos intuyendo que nuestro ataque se intensificaría y la emoción, casi de forma osmótica nos invadía a todos. Comprobé que mis compañeros, se comunicaban casi telepáticamente. Las expresiones de sus gestos eran para mí como un natural y vivo algoritmo, mediante el cual, podían deducir y poner en común las jugadas que pensaban.

¡ Qué maravilloso equipo! ¡ qué potencial humano! ¡ qué grandes personas y genios me rodeaban! ¡ qué orgulloso me sentía de mis amigos!

Sólo por tantas emociones vividas en Neutralium con estos amigos, compañeros, genios y maestros; merecía la pena vivir; pero aún me quedan muchas más cosas por compartir con ellos.

Desde este lejano planeta, en el que el cansancio comienza ahora a invadir el reino de mi conciencia, me despido de los amigos . El sueño me transporta lejos de nuestra sala de análisis, cada vez mi torpe teclear es más lento y pierdo fuerzas para escribir y comentar las cosas que aquí suceden.

Espero despertar pronto, levantar el vuelo desde el suelo de mi querida Algeciras, donde ahora se ha trasladado mi alma; para volver al planeta donde aún está mi cuerpo, porque hay una partida que acabar , porque hay mucho en juego, y una parte de nuestro terrestre y común destino; está decidiéndose en una partida de ajedrez que transcurre entre dos cielos.
Quiero agradecer a todos los amigos de esta página las constructivas opiniones sobre este relato. Pero más que los comentarios, quiero agradecerles, que a pesar de leer mis tonterías; siguen siendo amigos míos.

“ Un sueño sólo puede triunfar sobre la realidad, si se le da la oportunidad” (Stanislaw Lem). “

"Me gusta la poesía porque a veces, me agrada ver la filosofía disfrazada de fiesta”. (Disculpad que esta frase no pertenezca a nadie interesante).


Aún siento el balsámico aire natal de mi querida Algeciras, mientras el viento de la vigilia; me regresa en cuerpo y alma a Neutralium. Paseo por los lugares cercanos a Tranquilitum, disfrutando de la armonía cromática del paisaje. Todo aquí es nuevo para mí, las formas de las cosas que veo, los colores , los olores... Constantemente mis sentidos perciben desconocidas sensaciones, pero basta que piense en algo que me agrada , para que aparezca ante mí, tal y como es en nuestro planeta.

He caminado mucho esta mañana, pensando en los amigos que están aquí conmigo, en la partida de ajedrez, en el destino de La Tierra; y me sobrecojo ante la responsabilidad que sobre nuestro equipo ha recaído. La hora del desayuno se acerca y acelero mis pasos hacia el comedor, para compartir café y charla con mis compañeros.

(Por cierto, quiero invitar a café a la amable lectora o lector que ejerza como tal en este momento).

Al acercarme al comedor, Pablo, Guillermo, Manuel y José Raúl; desde el oeste, el este , el norte y el sur respectivamente; aparecieron de pronto con grata sorpresa para mí, y juntos fuimos a desayunar. El ambiente que transmitían era fascinante, me pareció verles muy animados y como es natural, me contagiaron su entusiasmo. Desde una caprichosa dirección, Vera se acercaba a nosotros para compartir el desayuno. Una vez sentados advirtimos que nuestra compañera, llevaba sobre sus cabellos un coqueto y aromático jazmín. Como ninguno de nosotros padecíamos de anosmia, el grato perfume de la pequeña flor, nos invadió deliciosamente con su espléndida fragancia. Tanta gracia adornaba a Vera que Guillermo le dijo:

- No sabía que te gustaran los jazmines, ¿ dónde lo has encontrado?

Vera contestó a Guillermo:

- Pues estuve caminando y lo encontré, hay muchos por los paseos de los alrededores. Encontré uno y lo recogí ya que vosotros, no os habéis dignado a regalarme ninguno.

Cuando oímos las palabras de nuestra genial amiga, nos apresuramos y salimos corriendo hacía las avenidas de los aledaños; cada uno de nosotros queríamos ser los primeros en encontrar jazmines para ella. Pablo quiso salir por la puerta trasera, yo quise hacerlo por un ventanal, Jose Raúl por una escalera que daba a la terraza, Manuel llamaba a Optimus para pedirle algo, y Guillermo corría vertiginosamente por un pasillo lateral. Parecíamos niños jugando en el patio de una escuela, el revuelo era monumental. Vera tuvo que poner orden para centrarnos y deshacer la algarabía que habímos formado. Su voz sonó fuerte y clara y todos la oímos con nitidez.

¡ Caballeros por favor comportaos! ¡ deteneos!

Nos detuvimos todos atendiendo a sus deseos. Ella con su natural gracia nos regañó de forma que un poco avergonzados, nos echamos a reír comprendiendo que nos habíamos comportado como colegiales. Nos dijo que quería que fuéramos todos juntos por jazmines, como un sólido equipo. A cada uno nos regaló un caramelo, según nuestros gustos. Bromeando nos dijo que eran caramelos mágicos, especiales para para que no tuviéramos miedo del resultado de la partida. ¡Qué mujer tan inteligente! , no sé cómo dedujo que a mí me gustaba el caramelo con sabor a café.

Cuando regresamos volvimos con un enorme ramo de jazmines, y se lo regalamos con el gran cariño que Vera nos inspiraba a todos. Al recibir las blancas florecillas, nos dijo que deberíamos hacer un diseño floral para que la fría y destartalada sala de análisis, semejase un ajedrecístico jardín. .

A cada uno de nosotros , nos regaló un jazmín y con graciosa y potente voz dijo:

-¡¡¡ Una para todos !!! ¡¡¡ Y todos para una !!! , respondimos con energía y buen ánimo.

Todos irradiábamos alegría y Vera se sentía contenta de tenernos como amigos y como incondicionales paladines que daríamos la vida por ella. Guillermo tomó la palabra y dijo:

-¡Vamos a desayunar como seis mosqueteros! Que también de pan y café vive el hombre.

Creo que desde algún lugar del universo, en ese momento Alejandro Dumas nos sonreía.

Desayunamos como siempre, con gran apetito y con amena conversación, compartiendo experiencias y conocimientos entre chistes y risas. Mi felicidad no tenía límites, el paraíso del compañerismo y del ajedrez, tenía una ubicación en el espacio: el planeta Neutralium.

Mientras disfrutábamos del opíparo desayuno, observaba que Manuel de cuando en cuando escribía con rapidez, casi a hurtadillas, unas notas en un viejo cuaderno. Cuando ya nos dirigíamos a la sala de análisis para continuar la partida, Manuel tomando la palabra dijo:

- Escuchadme todos , he escrito un soneto y quiero que sea un regalo de todos para nuestra querida Vera. Me gustaría que nuestra musa lo leyera para nosotros.

Manuel entregó el soneto a nuestra compañera que emocionada comenzó a leerlo.

(Pétalos para Vera)

PARA AGRADAR A VERA CON LAS FLORES,

POR LAS PRISAS, FORMAMOS UN REVUELO

BUSCANDO FLORECILLAS POR EL CIELO,

HECHIZADOS POR PÉTALOS Y OLORES.

PARA ALEJAR CON MAGIA LOS TEMORES

DEL ENCUENTRO QUE TENEMOS POR DUELO,
                     GRACIOSA NOS OFRECE UN CARAMELO

TROCANDO NUESTROS MIEDOS EN VALORES.

VERA NOS ALIENTA CON DONOSURA,

DISEÑANDO PARAÍSOS Y JARDINES,

ADORNA NUESTRA SALA CON TERNURA.

SU BELLEZA SUPERA LOS JAZMINES,

LAS DEIDADES DISPUTAN SU HERMOSURA,

POR ELLA ¡ SOMOS CINCO PALADINES!

Al leer el soneto, Vera dijo a Manuel:

- Muchas gracias. Tienes alma de poeta, eres un mago de los versos.

Manuel encogiéndose de hombres, comentó graciosamente:

-Psssssssssss es un simple soneto, escrito con rápidez pero también con mucho cariño, y es que te queremos Vera.

Nuestra mimada compañera nos obsequió con un amistoso beso y dijo:

¡ Muchas gracias a todos¡ ¡ adelante mis paladines! ! vayamos en busca de la victoria!

Las palabras de Vera, provocaron el efecto deseado, el ánimo de ganar la partida aumentaba al compás de nuestros pasos hasta llegar a sala de ajedrez.

(Amables lectores si lo deseáis, puedo volver corriendo al comedor y traer cafés para invitaros, antes que nos enfrasquemos de lleno en la intrincada partida).

Una vez sentados ante el tablero común, teníamos que decidir nuestra novena jugada. Pablo y Guillermo como conductores principales del ataque , parecían muy seguros de la mejor continuación para nosotros. Los dos atacantes cómicamente fueron a coger la dama blanca al mismo tiempo, para situarla en la casilla de ( b3) cuando sus manos chocaron. Tanto Pablo como Guillermo estaban convencidos que (9.Db3) , era el movimiento preciso y el resto del equipo también. Comunicamos por lo tanto la jugada a Imparcialius y ahora debíamos esperar de nuevo. Mientras estudiábamos las posibles continuaciones del bando de Mensajerus, Guillermo opinó:

- A partir de ahora nuestros movimientos deberán ser tan intuitivos como precisos. Creo que todos pensamos que tenemos una posición ventajosa, pero perdonar que recuerde un famoso principio que ya formulé en “vida: “si no atacamos teniendo ventaja, ésta se nos volverá en contra. Pero debemos extremar el cuidado lanzando nuestra ofensiva, el resultado de esta partida ya sabemos todos que se decidirá mediante jugadas de ataque y contraataque; ¡ojalá nuestro ataque sea inexpugnable!

Todos estábamos de acuerdo con Guillermo, mirábamos el tablero y comprendíamos que nuestra posición era excelente. Parecía como si Mensajerus y sus compañeros, estuviesen jugando de forma engañosa en el sentido de hacernos creer que ganaríamos fácilmente. Esta posibilidad nos preocupaba, pues nos debatíamos entre la fría lógica que nos decía que podíamos ganar y el calor sofocante de la sensación que produce el hecho de no estar totalmente seguro de lo que va a ocurrir. Por esta razón, decidí explicar a mis compañeros lo que pasaba por mi mente:

-Idolatrados amigos, igual tenemos que cambiar la estrategia sobre cómo elegir nuestras jugadas. Si el resultado de la partida depende de la conducción ideal de nuestro ataque; propongo que todos penséis las jugadas desde el punto de vista de las blancas, de la misma forma que ya lo hacen Pablo y Guillermo. Cada uno propondrá una jugada y luego se contrastará con las de los demás; la más coincidente, será la jugada elegida. Todos nos centraremos en el ataque, es posible que de esta forma optimicemos los análisis.

José Raúl se mostraba de acuerdo con la propuesta y como los demás también parecían conformes, tomando la palabra dijo:

-Me parece muy bien la idea, hace ya algunas jugadas que no veo solución para el equipo de Ajedrezum, estoy harto de defender y se me apetece atacar.

Todos sonreímos y ante seis tableros, sentados al lado de las piezas blancas; nos dispusimos a encontrar las jugadas más enérgicas e incisivas que nos condujeran a la victoria. ¿Qué podría ir mal, qué trampa estarían preparándonos? , como no podíamos saberlo, decidimos confiar en nuestras propias decisiones.

¡Qué despistado soy ¡ no me había dado cuenta que en un ángulo de la sala, había una sofisticada máquina de café. Me di cuenta porque Vera me preguntó si ya la había visto... así de absortos estábamos todos en la partida. Mi admirada amiga, reía de buenas ganas al ver en mi cara, la más absoluta perplejidad.

(Amables lectores, como he localizado una máquina de café, aprovecho para invitaros).

Pasado un buen rato, nos comunicaron el noveno movimiento de Ajedrezum, avanzarón el peón de la casilla (d7) hasta la de (d5), para obstaculizar la fuerte batería que nuestra dama y el alfil de casillas blancas , ejercen sobre la importante casilla (f7) defendida solamente por el rey adversario. Esta jugada no fue sorpresiva para nosotros, por lo que los cinco genios coincidieron en capturar dicho peón de la casilla (d5). Abriendo de esta forma una importante columna central para que la torre de (f1) participara también en el ataque. Por tanto nuestra décima jugada fue (10. exd5).

Pablo se levantó del asiento y paseaba alrededor de los cinco tableros (yo analizaba también, pero con mi inseparable, pequeño y viejo tablero magnético, en el que a veces, mi hija Sara también juega a su manera), Pablo silbaba interpretando la sinfonía inacabada de Schubert; advertí que más que la posición de la partida, lo que no comprendía, eran otras cuestiones. Silenció la silbante música y dijo por fin:

- Amigos ¿qué quieren estos jugadores de Ajedrezum? , o no saben jugar , cosa que dudo mucho; o por algún misterioso designio quieren concedernos ventaja. No entiendo nada; no sé cómo van a neutralizar nuestro ataque ; ¿alguien lo sabe?, ¿qué pretenden?

José Raúl también se levantó meditabundo, tenía los brazos cruzados y no precisamente para adoptar una postura corporal defensiva. Se le notaba contento, sus pasos eran armoniosos igual que sus jugadas cuando era campeón mundial. Siempre me he alegrado que cuando este genio nació en mil ochocientos ochenta y ocho; a todos los efectos su nacionalidad era española, como esa isla que sufre tanto debido a los malditos intereses económicos.

Con su natural tranquilidad comentó:

- Estoy de acuerdo con Pablo, nuestra ventaja va aumentando aceleradamente, tampoco yo veo una defensa que neutralice nuestra iniciativa. Pero no creo que sea bueno para nosotros pensar en lo que pretende el otro equipo, nuestra tarea principal debe ser centrarnos en la partida. Nada debe desorientarnos, no debemos pensar en otra cosa que no sea atacar hasta llegar al jaque mate.

Como si tácitamente nos hubiéramos puesto de acuerdo, nos levantamos todos y paseamos por la diáfana sala de ajedrez. En ese momento tuvimos conciencia, que los jazmines que Vera había colocado, no sólo adornaban el entorno ajedrecístico sino que además nos traía recuerdos de nuestro planeta; a mí me hizo recordar los muchos patios de mi querida Algeciras, que en época de estío parecen acariciados por el intenso perfume de esta flor.

El ambiente era idóneo para hacer florituras ajedrecísticas. Tomamos café (los lectores estáis invitados), charlamos un momento y volvimos a sentarnos esperando la contestación del equipo de Mensajerus.

La décima jugada de las negras, no se hizo esperar, el caballo saltó de la casilla (c6) a la de (a5), nuestra dama y el alfil del escaque de (c4) , quedaron atacados simultáneamente por el corcel negro. Esta jugada (10 ...Ca5), no nos sorprendió en absoluto, de hecho ya la habíamos analizado. Me levanté un momento y miré a mis amigos, tuve curiosidad en ver cómo meditaban mis fantásticos compañeros, quise observar sus reacciones. Aunque eran personalidades muy distintas, comprobé cómo este quinteto de legendarios ajedrecistas, realizaban a la vez el mismo movimiento, como si se tratara de los cinco dedos de una prodigiosa y divina mano. Todos a la vez asieron la torre blanca de (f1) y dieron jaque con ella al rey contrario. Una vez que efectuaron la jugada, me miraron y al mismo tiempo, me sonrieron todos. Correspondí a sus sinceras sonrisas, llevándome la mano izquierda al corazón, para expresarles corporalmente el profundo aprecio que por ellos sentía.

En efecto, nuestra undécima jugada fue elegida unánimemente (11 Te1 +), un oportuno y efectivo jaque. La partida había llegado a un momento muy crítico, ahora más que nunca debíamos concentrar nuestras energías en el ataque.

José Raúl mirando a Manuel dijo:

- Esta jugada me ha recordado a una célebre frase tuya: ” mientras pueda dar jaque, no temo a nadie”. Por lo tanto no debemos temer a los jugadores de Ajedrezum.

Mientras esperamos la respuesta del otro equipo, decidimos salir a pasear para relajarnos y sentir la agradable brisa de Neutralium. No sabíamos la razón, pero los bellos paseos estaban todos cubiertos de exóticos jazmines de múltiples colores.

Pablo bromeando le dijo a Vera:

-¿Querida Vera, qué has hecho?, tienes a todos los habitantes de Neutralium a tus pies.

Optimus apareció ante nosotros como por casualidad y nos preguntó:

- ¿Os parece bien que haya decorado nuestras calles?, espero que sea de vuestro agrado.

Como es natural agradecimos al siempre atento Optimus las molestias que se tomaba para contentarnos.

Poco tiempo después, regresamos y al entrar a nuestra sala, nos llegó la undécima jugada del equipo de Mensajerus, (11...Ae6), cubriendo al rey del jaque y aprovechando que nuestra dama estaba amenazada, atacaban así nuestro importantísimo peón de la casilla central de (d5).

Esta jugada, la habíamos sopesado como una de las posibles continuaciones , pero una vez confirmada como la elegida por el otro equipo, la emoción nos invadió.

¿Qué debíamos hacer retirar la dama y perder fuerza en el ataque o buscar otra alternativa que potenciara la actividad ofensiva de nuestras piezas? ¿retirar la dama o no retirarla?, ese era nuestro dilema.

Me dirigí a mi tablero magnético como si nuestras vidas dependieran de la jugada que teníamos que hacer, y llegúe a una conclusión al hallar una jugada que me pareció exacta y brillante. Sólo faltaba que mis geniales compañeros, decidieran hacer el movimiento que yo estaba pensando y deseando.

La voz de Vera se expandió por toda la sala, preguntando al equipo si estaban dispuestos a romper el nudo gordiano de la partida.

-¿Nos atrevemos o no?

Todos se levantaron se dirigieron hacia nuestra querida musa y volvieron a gritar:

- ¡¡¡Todos para una! !!

Vera con entusiasmo respondió:

-¡¡¡Y una para todos!!!

Pude comprender que todo el equipo, estaba decidido a realizar una extraordinaria jugada. Yo deseaba ardientemente que coincidiera con la que yo pensaba . Recordé unas sabias palabras de José Raúl, según las cuales, los campeones siempre tenían suerte. ¿Será cierto lo que decía Vera, que los dioses siempre ayudan a los audaces? Mi mente no paraba de pensar, de hacer elucubraciones, de teorizar y el cansancio comenzaba a hacer estragos . Mis energías iban disminuyendo, el sueño se apoderaba de mí.

Miré los jazmines de la sala, sentía la fragancia de estas diminutas florecillas blancas y me adormecía paulatinamente. Con el pensamiento me transportaba hacia mi ciudad natal, el pueblo de mis sueños. Recuerdo que mi último deseo fue éste: ¡ojalá mi jugada coincida con la de mis compañeros! Pero no lo sabré hasta que vuelva a despertar.
He comenzado a despertar en Algeciras y he terminado de tomar conciencia en Neutralium. La mañana es muy apacible, no sé si aquí es primavera, pero desde que a Optimus le dio por sembrar flores de todo tipo; las avenidas de este pacífico planeta parecen estallar de colores y perfumes.

Camino sin rumbo fijo, confiando más en mis pies que en mi cabeza. Me tranquiliza saber que en caso que me perdiera, bastaría pensar en Tranquilitum, en Cafeterium o en la sala de análisis, para encontrar a mis compañeros. Meditaba si sería cierta la cita de aquel general cartaginés llamado Anibal, según la cual, las victorias siempre las obtenían los que jamás dudaban. Como no me gustan mucho las citas de los que hacen la guerra, mi pensamiento se desviaba hacia cuestiones más pacíficas.

Nosotros deseábamos una paz universal que reinara en todo el cosmos. Ése era nuestro principal objetivo, y por eso jugábamos la partida con tanta concentración, pero también lo hacíamos por amor al ajedrez.

El aire puro de este planeta, siempre me hacía pensar que hubo un tiempo en que en el nuestro, también era un maravilloso placer el simple hecho de respirar.

Sentía cada vez más ganas de reunirme con mis amigos. La hora convenida para desayunar se acercaba y mis pasos me condujeron hacia Tranquilitum y más concretamente hacia la cafetería.

Desde cada punto cardinal, aparecieron los cuatro primeros componentes del equipo y luego Vera apareció como por encantamiento, sin saber bien de qué dirección. Pero lo importante no era de dónde, sino más bien el cómo y el porqué. La alegría que me produce compartir café y conversación con mis memorables amigos; no puedo describirla.

Esta mañana todos irradiaban una alegría especial. Me parecía verlos seguros y contentos y casi más dicharacheros que nunca. Prolongamos la charla, como si no tuviéramos prisa por llegar a la sala de análisis. Nadie hablaba de la partida y yo estaba impaciente por saber si nuestra última jugada, coincidiría con la que yo había pensado. Manuel y José Raúl, contaban chistes y todos carcajeábamos hasta desternillarnos de risa. Decidí no preocuparme más por la partida; cualquiera que fuesen el resultado y nuestro destino, estaría orgulloso de compartirlos con mis compañeros.

¡ Qué torpeza la mía! , aún no he invitado a café a quién en este momento esté leyendo.

La alegría de nuestro equipo parecía no querer terminar y por mi parte podría eternizarse, pero por otro lado teníamos un compromiso con los jugadores de Ajedrezum y debíamos enviar nuestro duodécimo movimiento. Sin prisas volvimos a servirnos otra taza de café, sólo me preocupaba divertirme a carcajadas con el portentoso sentido del humor de mis amigos; tenía la total seguridad que dicho sentido sólo podría ser una manifestación del prodigioso talento que poseían.

De repente mis queridos contertulios me miraron casi compasivamente, pero como sus delatadoras sonrisas aún no se habían desdibujado; pude respirar con tranquilidad. Pablo me preguntó:

- ¿ Estás preparado para soportar la tensión final de la partida?

- Para lo único que no estoy preparado es para perderme el desenlace. Con vosotros como conductores de la partida , no temo a nada. Respondí.

José Raúl con su habitual amabilidad, propuso que nos acercáramos a la sala de análisis. Aún no habíamos llegado y un tenue olor a jazmín nos invitaba a entrar en la sala.

Una vez allí, nos sentamos cada uno ante su tablero, todos conduciendo las blancas, debíamos consensuar nuestra decisiva jugada. Otra vez el dilema ante nosotros, apartar la dama o no apartarla del ataque del caballo contrario. Retirarla de la amenaza del equino del otro bando, era perder tiempo para atacar y quizás perder para siempre la única oportunidad ofensiva que disponíamos. Por otro lado si el ataque no nos condujera al éxito, perderíamos irremediablemente la partida pues jugaríamos sin el potencial ajedrecístico de nuestra dama. Comencé a recordar que yo ya había pensado la jugada y si por mí fuera continuaríamos con el ataque, a pesar de la gran pérdida de material que supondría perder tan valiosa pieza. Sí, yo estaba decidido, y con arrojo pensaba en quemar nuestras naves, capturando el alfil que defendía del ataque de nuestra torre al rey contrario. Por lo tanto, tomé el alfil de la casilla (e6) con mi peón de (d5). Sólo quedaba esperar qué harían mis compañeros y decidir de una vez tan decisivo movimiento. Me esforzaba en intentar profundizar y llegar a la esencia de la posición y cada vez lo tenía más claro: ¡nuestro ataque era imparable! ¡ ganaríamos la partida!

Había algo que no comprendía y me daba quebraderos de cabeza. Si la partida estaba decidida, ¿por qué mis compañeros, que eran genios del ajedrez, no expresaban la alegría de vencer?, esa pregunta me atormentaba, ¿ qué estaba ocurriendo? Decidí saber qué pensaban, me levanté del asiento, me volví para mirar a mis amigos y con gran sorpresa, observé que todos levantados, me miraban sonriendo y me dijeron al mismo tiempo.

 - ¡Enhorabuena!, ¡ el sacrificio de dama es victorioso! Mi alegría era astronómica, no podía creer lo que ocurría: habíamos vencido con una miniatura de partida a todo un avanzado equipo de ajedrez, de un planeta llamado Ajedrezum.

En mi aturdimiento, pedí a mis compañeros que me asistieran en el análisis de lo que a mí me parecía una combinación lineal y no muy difícil de calcular. Antes que nada enviamos nuestra jugada (12 dxe6). En efecto todos a la velocidad del rayo, me mostraron sobre el tablero común, la secuencia exacta del desenlace de la partida. Guillermo con una sencillez convincente, comentaba lo que sucedería en la partida.

- Ahora a la respuesta (...12 Cxb3) , capturando la dama para no quedar con pieza de menos, nosotros seguiremos con (13 exf7 jaque) y la única jugada posible ante este jaque doble, será (...13 Rd7), pero continuaremos atacando con (14 Ae6 jaque), ahora la única opción que les queda es (...14 Rc6). Guillermo parecía conocer muy bien la posición y afirmaba que efectivamente, era una combinación lineal de mate. En este momento debemos seguir con (15 Ce5 jaque), y ahora como es fácil comprobar sólo les queda (15...Rb5), entonces volveremos a jaquear con nuestro alfil de casillas blancas (16 Ac4 jaque) y aunque tienen dos opciones para mover su rey, prácticamente nos da igual, pues tanto si va a la casilla (a5) como a la de (a4), nuestras jugadas serán dar siempre jaque; produciendo un inevitable jaque mate en dos jugadas. Por ejemplo si jugasen (...16 Ra5), entonces jugaremos (17 Ab4 jaque) y ante la única jugada posible (...17 Ra4), jugaremos (18 axb3 ¡jaque mate!) y si jugasen (...16 Ra4), decidiremos con (17 axb3 jaque) ante la obligada (...17 Ra5) , sólo nos resta jugar por ejemplo (18 Ab4 ¡jaque mate!).

Agradecí a Guillermo la exactitud de sus análisis y dirigiéndome al equipo dije:

- Admirados amigos y compañeros, ¿no os parece que todo ha sido muy intenso, pero al mismo tiempo fácil?

Todos asintieron y quedamos absortos en una breve pero profunda reflexión. Finalmente Manuel, tomó la palabra y dijo:

- Compañeros lo que nosotros teníamos que hacer, ya está hecho y sea cual sea el motivo por el que ellos han jugado de esta manera, muy pronto lo sabremos ; ajedrecísticamente no hay nada que temer, la partida como hemos visto, esta decidida a nuestro favor.

Propongo dar un paseo por los alrededores, mientras esperamos la jugada de Ajedrezum; pero antes quiero que llenemos otra vez nuestras tazas de café y brindemos por nuestra victoria.

Llenamos las tazas y los cinco gigantes del equipo, formaron un círculo proporcionado de setenta y dos grados entre jugador y jugador; iban a levantar sus tazas, cuando Vera dijo:

- Un momento amigos, no me salen bien las cuentas, no debe haber entre nosotros setenta y dos grados sino sesenta; ¿qué ocurre?

Manuel dirigió hacia mí su mirada y me dijo.

- ¿Cuándo te vas a sentir como uno más entre nosotros?, queremos que te acerques a brindar, ¿o acaso no eres del planeta Tierra?

Con mi taza en la mano respondí a Manuel:

- Perdonad amigos que sienta tanta admiración por vosotros, sois los verdaderos artífices de la victoria, y...en situaciones así, no me siento con derecho a estar entre vosotros.

Mis compañeros , me miraban entre tristes, sonrientes y extrañados por mi actitud. Pero antes que me dijeran nada, me acerqué al círculo que habían formado, pidiendo disculpas y todos a la vez levantando nuestras tazas gritamos:

- ¡¡¡ Por Caissa!!!

Salimos a dar un paseo y en mi interior me sentía la persona más feliz del universo. No podría precisar si caminaba o flotaba. La sombra de una duda me asaltaba a veces, pues no sabía si con mi actitud de no acercarme a brindar espontáneamente con mis compañeros, provoqué en ellos algún malestar; pero confiaba ciegamente en que me comprenderían. Paseábamos cerca del lugar donde estaba esa placita parecida a la de Algeciras. Me separé un momento del grupo y me acerqué a la fuente de la plaza. Un coro de ranitas de bellísima cerámica, rodeaban como queriendo adorar la musical agua que caía en elegante cascada. Me sentí por un momento como si estuviera en mi ciudad. Intuitivamente quise despedirme de Neutralium.

Durante los escasos minutos que estuve contemplando la plaza, perdí de vista a mis amigos. Entonces pensé en ellos y mis pasos me condujeron a una acogedora terracita, donde estaban reunidos.

Amables lectoras o lectores, como seguramente tomaremos café, me gustaría invitaros.

Al acercarme pude ver con más claridad a mis compañeros; pero no estaban solos; con ellos pude distinguir a Optimus y a Imparcialius. Conforme más me acercaba, más claramente, como es natural, pude ver a los componentes de aquella curiosa reunión. Para mi sorpresa pude advertir también que se encontraban presentes todos los miembros del equipo de Ajedrezum. Me alegraba de ver nuevamente a Mensajerus, Enrocus, Petreus, Atacus, Pacientius y a una nueva componente llamada Dulcineus, la cual se incorporó a su equipo al mismo tiempo que Vera lo hizo en el nuestro.

El ambiente era sensacional, todos conversaban animadamente y las risas se oían a cierta distancia. Las formas físicas de todos los participantes de Ajedrezum, se distinguían ahora con más claridad; eran como las mujeres y los hombres de nuestro planeta. Antes que pudiera saludar a todos, Optimus comenzó a interpretar una famosa polka del bohemio Bedrich Smetana y para mi asombro, ambos equipos por parejas, compartían jugadores para danzar con alegría.

Cuando llegué a la festiva terraza; Optimus cambió la música y como si lo hiciera en honor a mi entrañable Algeciras, hizo sonar unos acordes de guitarra de mi ilustre paisano, Paco de Lucía. Los primeros compases de un pasodoble, vibraron en el calmado aire. Vera se acercó y casi susurrando me dijo que invitara a bailar a Dulcineus. Mi timidez me impedía acercarme a la jugadora de Ajedrezum, pero Vera insistió apelando a su intuición. Me armé de valor, me dirigí a Dulcineus que se encontraba a pocos pasos de mí. Cuando quise reaccionar, ya estaba bailando con ella y más que nunca me sentí como en mi tierra. Miré a Dulcineus como pidiendo perdón por ser un compañero de baile tan patoso. Ella con tranquila voz me dijo que recordara que en Neutralium, sólo con pensar que era un buen bailarín, el deseo se cumplía. Me dejé llevar por la música y por los diligentes movimientos de mi compañera, que parecía portar una eterna sonrisa. Mi única preocupación consistía en no dar ningún pisotón a la que en esos momentos me parecía la mismísima Terpsícore y no hacer un estropicio ni en sus preciosos zapatos , ni en sus delicados pies. Cuando acabamos de bailar, agradecí a Dulcineus su amable y danzante compañía y le dije:

- Eres una simpática y habilidosa bailarina.

Ella graciosamente respondió:

- Pssssssss no es ninguna proeza y por cierto ¡enhorabuena! por vuestra victoria.

La sincera felicitación de Dulcineus, me devolvió a la realidad. Instintivamente busqué a mis compañeros y a Mensajerus, pues suponía que debíamos conversar, para saber si en efecto daban la partida por perdida y en ese caso, qué condiciones deberíamos elegir como las más apropiadas para el porvenir de nuestro planeta. Justo cuando meditaba sobre estas cuestiones, la música se detuvo. Aproveché este momento para saludar a todos los componentes del equipo de Ajedrezum, así como también a Optimus y a Imparcialius. En ese momento, un grupo de catorce personas (ya he comentado que ahora no aprecio ninguna diferencia entre ellos y nosotros), nos dirigíamos a la sala Conferencium. Una vez allí, del centro de la estancia, una gran mesa circular surgió del suelo, a su alrededor con una separación aproximada de veintiocho grados, aparecieron catorce magníficas sillas.

Imparcialius como juez de la contienda, tomó la palabra anunciando de forma oficial nuestra victoria y dirigiéndose a nosotros nos preguntó acerca de las condiciones que queríamos por haber ganado la partida. Todo marchaba demasiado deprisa para mí, quise reunirme con mis amigos para saber qué pensábamos como equipo. Manuel adivinando mis intenciones, propuso abiertamente que entre todos los presentes, decidiéramos lo mejor para nuestros intereses. La agudeza psicológica de Manuel, siempre ha producido en mí un efecto casi mágico y por lo que pude ver, también lo era para mis compañeros, ya que todos estábamos de acuerdo con su proposición. De todas formas, si las propuestas de los integrantes de Ajedrezum, nos perjudicaran, como vencedores, podríamos desecharlas. Para mi sorpresa, Pablo a pesar de su timidez, quiso que Mensajerus le despejara una gran duda.

- Estimado coordinador de Ajedrezum, durante el transcurso de la partida, hemos apreciado que varias veces habéis elegido las jugadas más complicadas para vuestro equipo, por eso me gustaría saber si realmente hemos vencido nosotros o por el contrario vosotros, habéis elegido perder.

Antes que respondiera Mensajerus, Guillermo, pidiendo disculpas le interrumpió.

- Estimado Mensajerus, pido perdón por hablar cuando no me corresponde, pero quiero reforzar lo que acaba de plantear nuestro amigo Pablo y quiero argumentar que la partida que hemos jugado contra vosotros; se jugó con mucha antelación en el año mil ochocientos sesenta y tres en Londres y lo sé con total exactitud porque es la misma partida que me enfrentó al terrícola Rock, es decir esta partida ya le he jugado dos veces. Me extraña que con vuestra sofisticada tecnología, no tengáis constancia de dicha partida. ¿Podrías explicarnos por qué razón habéis jugado de la misma forma que Rock?

Nadie de nuestro equipo, salvo Guillermo (que lo había ocultado), tenía noticias de esta partida. Pablo, con una sonrisa casi compasiva, miró a Guillermo, como queriéndole decir: ahora comprendo que siempre te adelantaras en la elección de las jugadas.

La voz de Mensajerus, sonó fuerte atravesando todos los rincones de la sala.

- Admirados Pablo y Guillermo, una vez que conocimos a todos los integrantes de vuestro equipo, estábamos seguros que ganase quién ganase el encuentro; llegaríamos a un buen acuerdo sobre la forma de incidir positivamente en los dirigentes políticos de vuestro planeta, a fin de evitar tantas guerras, y tanta contaminación, que de alguna manera a todos nos afectan. La partida, su desarrollo y el resultado no nos preocupaban mucho. Por eso hemos querido haceros un homenaje ajedrecístico, siguiendo los cauces de aquella fantástica partida. Pido ahora que intentemos llegar a un acuerdo, para que en el planeta Tierra, se produzca un cambio semejante al que se produjo en el nuestro, cuando aún nos llamábamos Guerrerum.

Cuando Mensajerus concluyó, Imparcialius nos presentó a un personaje que jamás habíamos visto. Se trataba de Conexius, el representante de la telepatía común de nuestra galaxia.

Una nuevo asiento apareció elevándose del suelo. Todas las sillas se separaron con una exactitud de veinticuatro grados con respecto al círculo que formaban. Conexius habló con claridad y elocuencia.

- Quiero saludar y expresar mi sincero agradecimiento a todos los que estáis reunidos en esta sala. Deseo haceros saber que la disposición de todos los coordinadores galácticos , siempre estará de parte de personas que como vosotros, deseáis que se produzcan cambios benefactores para el conjunto de los planetas del universo. Juntos podemos sentar las bases de un común entendimiento. Pensemos bien las condiciones que deseamos porque una vez aceptadas, debemos ser consecuentes. Quiero ahora que los vencedores, propongan las condiciones que consideren oportunas.

En este momento mis compañeros me miraron invitándome a proponer lo que ya nosotros considerábamos como lo más conveniente. Pero aunque yo era el coordinador del equipo, deseaba que fuese Vera, la que representando a nuestro planeta, hablara por nosotros; de esta forma también quise que todos supieran la razón por la que ella se incorporó a nuestro equipo. Cedí la palabra a mi admirada amiga y ella con la dulzura que le caracteriza, dio una vuelta a la mesa y caminando con tranqulidad, regaló a todos unos jazmines al tiempo que nos saludaba amigablemente con un apretón de manos. Cuando regresó a su asiento; expuso una declaración de principios y una responsable petición.

- Apreciados amigos, considero que todos los presentes, somos enamorados del ajedrez; por tanto no debo recordaros lo beneficioso que sería para todos los habitantes del universo, que las autoridades políticas, potenciaran el ajedrez como una disciplina muy útil para el desarrollo integral de las personas. Una ciencia, un juego, un deporte y un arte; que todos podemos aprender y practicar tanto si somos ricos o pobres, si tenemos buena salud o no, si somos niños o viejos, etc. No hace falta insistir que el ajedrez por su capacidad integradora es un magnífico recurso social.

También sería importante acabar con ese extendido mito de que el ajedrez, es sólo para inteligentes; esto no es así ( en este momento, temí que Vera me mirase), para jugar bien al ajedrez, sólo hace falta que nos guste.

He hablado con mis compañeros de equipo y estamos de acuerdo, que algo debemos hacer, y aprovecharemos vuestro apoyo para que en nuestro planeta, no haya tantas guerras ni tanta contaminación; por eso hemos de incidir en los gobernantes. Pero debemos hacerlo pacíficamente, pues la paz es nuestro común sentimiento. No habrá abducciones, no perjudicaremos a nadie ni a su entorno familiar.

Creo que estamos de acuerdo, que lo mejor será aplicar la ley universal llamada Perfectum y lo haremos conjuntamente, como así está estipulado entre los planetas habitados.

Vera saludando a todos, concluyó su intervención y pude advertir que los presentes le dedicaron una sincera sonrisa.

Conexius volvió a dirigir la asamblea y comunicó que una vez terminada la reunión, comenzarían a incidir en las voluntades de los dirigentes de todas las potencias terrestres.Tomando la palabra de nuevo, dijo:

- Apreciados amigos de nuestra común galaxia, estoy contento con la petición que Vera desea y ésta se cumplirá. Me comprometo a decir que en un plazo de diez años terrestres; el ajedrez ocupará un lugar de honor en las preferencias formativas y lúdicas de sus habitantes. De esta forma estamos seguros que se reducirán ostensiblemente el número de conflictos bélicos y la contaminación disminuirá notablemente. Este es nuestro compromiso, si nadie quiere agregar nada más, doy por acabada la reunión. Estáis todos invitados a una fiesta de despedida y una vez más ¡ enhorabuena a los vencedores!

Al término de esta asamblea, hubo un sentido silencio, como si todos deseáramos ardientemente que se cumpliera lo que Vera y Conexius, habían expuesto.

Como hacía tiempo que no tomaba café (aprovecho de nuevo para invitar a todos los que deseéis tomar uno), me dirigí meditabundo hacia Cafeterium para compartir también un rato de charla con los compañeros de ambos equipos.

Poco tiempo después la fiesta comenzó, todos parecíamos más relajados, más contentos y la comunicación era cada vez más abierta, más fluida. No había distinción ni de equipo ni de planeta y hablar con todos, era como siempre además de un placer, una fuente de conocimientos. Hablábamos, reíamos, jugábamos, bailábamos y la diversión parecía reforzarnos y alimentarnos como personas.

La fiesta acabó, nuestra misión como equipo de ajedrez finalizó, pero sabíamos que al menos a nivel telepático, estaríamos siempre conectados con seres de otros mundos a los que considerábamos amigos. Nos despedimos y Mensajerus al mando de la misma nave espacial con la que nos llevó a Neutralium, nos traía de vuelta a La Tierra.

Supongo que durante el trayecto de regreso, quedé dormido, sólo recuerdo que al alba de un espléndido día, desperté en el faro de la ciudad donde nací. La Luna llena, aún rielaba sobre las saladas aguas donde el Atlántico se abraza con el Mediterráneo. Mensajerus con amabilidad infinita, se despidió de nosotros. Con su nave en vuelo, dibujó un luminoso corazón que quedó reflejado sobre el mar; luego desapareció en el azul del cielo. Cinco haces de luz brotaron del precioso disco lunar, como una mano de luz quedaron definidos los caminos por los cuales Vera, Pablo, Guillermo, Manuel y José Raúl, después de abrazarme con inmensa ternura, lentamente fueron desapareciendo.

Cuando volví a recobrar totalmente la conciencia, deseé con todas mis fuerzas que todo hubiese sido real, esa maravillosa partida entre dos cielos y sobre todo que esos deseos por cumplir, se hicieran realidad. Desperté sobre la misma roca desde la que vi por primera vez a Mensajerus. El sol brillaba acariciando de luz todo lo que sus rayos tocaban. Caminé pausadamente regresando a la ciudad, los parajes de ese camino cada vez eran más familiares y más conocidos por mí. Conocía a la perfección tanto el tipo de fauna, como la vegetación; por eso no podía explicarme con exactitud, la razón por la que desde el bolsillo de mi camisa, delicadamente colocado, un ramito de jazmines, me regalaba su deliciosa fragancia.
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